Mari Angeles en Senegal con Yakaar Africa

Mari Angeles en Senegal con Yakaar Africa

Mari Angeles en Senegal con Yakaar Africa 

 

María de los Ángeles Garrido

Largas horas de coche por caminos de barro rojizo, asfixiantes nubes de polvo de las que parecía que no salíamos, espacios abiertos, bosques desolados, tierra seca y amarilla, pero tierra acogedora, que poco a poco iba llegando a lo más profundo de mi corazón.  

Miradas de niños que pedían más con los ojos que con las manos, privados de derechos y desamparados. Estremecía su marginalidad, la pobreza extrema en la que se mueven; marabús corruptos que los esclavizan, haciendo que la isla de Gorée continué su memoria. Su desesperanza ha sacudido mi alma, ha cambiado mi mirada y ha elevado mi conciencia.  

Me ha sorprendido ver a tantos hombres que pasan el día reunidos a la sombra de los árboles, mientras que las mujeres, discriminadas, sin voz ni voto, gestionan de manera ejemplar los recursos de que disponen, se encargan de las labores del hogar, hacen la colada en los ríos, cuidan de los hijos y ancianos, cultivan la tierra, y admirablemente tratan de mejorar sus vidas con sus bebés a la espalda. Núcleos de la armonía fraternal entre familias, diligentes mujeres, bellas e inteligentes, las veo como eje central en la esperanza de futuro de este gran país. Ha sido hermoso para mí, compartir con ellas, celebrar con ellas, aprender de ellas.  

Reverencia a la Naturaleza, tolerancia entre religiones, solidaridad entre los vecinos ante el mundo hostil que les rodea, ritos de iniciación a la vida adulta, convivencia en paz, armonía, relación fraternal entre grupos… ¿Y creemos que somos nosotros de los que tienen que aprender?  

Vaya mi agradecimiento a José María y María José, artífices de esta maravillosa aventura en la que deseo continuar, a personas tan integras y humanas como Demba, que nos ha acompañado por bosques sagrados, por paisajes mágicos, sumergiéndonos a través de sus relatos en su cultura ancestral, y gracias también a todas las comunidades que nos han ofrecido su alegría, sus alimentos, sus cantos, sus danzas, su dignidad y su gratitud. Vaya mi compromiso para actuar como ellos, dando lo que puedo y recibiendo lo que necesito.  

 

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