Gracias a todos, pues he vuelto y ya tengo ganas de volver

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A muchos de los que ya habéis viajado y parado por esos lares no os extrañará en absoluto que diga que me he sentido como en casa, y a los que todavía no habéis podido, pues que deciros, que como en casa no se está en ningún lado, así que ya sabéis, un tiempecito por allí es algo más que magnífico.

Y efectivamente, mi estancia en Senegal, mirada con detenimiento y tranquilidad ha sido mucho más de lo que yo podía esperar. Sé que en el boletín de agosto os conté en resumido como iban los proyectos por el País Bassari y que Carmen en el de septiembre os dio algunos detalles más, pero lo que uno siente y experimenta merece algunas líneas para ser expresado.

Mi viaje duró un mes, estando tres semanas en el País Bassari y unos tres días en Ile de Carabane, el resto de jornadas se las dejamos al transporte, pues como bien sabéis es una fuente de aprendizaje única, y por eso quise disfrutar de viajar en todo tipo de transporte. Hubo muchos desplazamientos, los 7 plazas con sus apretados y pegajosos asientos, el bus Dakar – Kedougou, que tardó nada más que catorce horas pero haciéndome un intensivo en música senegalesa, no paró de sonar en toda la noche, las tres horas de espera haciendo autostop para llegar a Kedougou, las caminatas por los senderos rojos siempre atentos ante la llegada de algún vehículo de cuatro, tres o dos ruedas que nos pudiera transportar… Pero la verdad algunos se te quedan incrustados en la retina, cómo el camino anaranjado por el reflejo del sol naciente que surqué a bordo de una motocicleta, con las aguas estancadas de las recientes lluvias y la naturaleza por testigo, o el viaje en la piragua que se adentra en las aguas del río Casamance para llegar a un lugar paradisiaco, Ile de Carabane. Los manglares, las aves, el sonido del motor, y las miradas cruzadas entre los individuos nacidos sobre la misma arena, hacen que el viaje sea irrepetible.

Los pueblos, o dicho mejor las gentes de los pueblos en los que pase mi estancia tienen ya un lugar muy merecido en mi subconsciente, pues con un toque mágico consiguen que te sientas como en casa, y eso tus entrañas y tus neuronas no lo olvidan. Son una descarga de buena energía que te engancha sanamente.

En Bandafassi, mi día era un no parar pero con ritmo africano, las mañanas las dedicaba a las gestiones, conocer a los cargos importantes del pueblo, conversar con ellos, con la población de sus necesidades o anhelaciones, preparar las clases, ir a Kedougou, subir a Dindifelo, ir a ver al carpintero, realizar alguna marcha por los altiplanos de la zona, trabajar con las mujeres sobre las cuentas de la huerta, o lavar mi ropa a mano, por cierto tardaba más de dos horas, una patosa al lado de la elegancia con la que estrujaban la colada mis amigas africanas. Entre las 2 y las 3 empezábamos las clases de español, siempre con un buen té y a la sombra del árbol. Después, a trabajar un par de horitas a la huerta, azada en mano y espalda quebrada. Antes de que anocheciera volvía a Indhar, las mujeres siempre se preocupaban para que no volviera cuando ya había caído la noche. Y allí a la luz de la luna me esperaban los alumnos del curso nocturno, o si estaban muy cansados siempre podía intercambiar lindas y agradables melodías lingüísticas con los aventureros de alma y espíritu que pernoctaban en el campamento.

En cambio en Ile de Carabane, fue algo diferente, la tranquilidad y el sosiego africano me invadieron realmente y disfrute de tres días maravillosos de la mano de Jean – Cristophe, a quién quiero agradecer desde aquí su inconmensurable amabilidad y gentileza. A cargo de él pude disfrutar de hermosas puestas de sol, sendas entre cangrejos, conversaciones artísticas y no tan artísticas, platos extremadamente exquisitos a cargo de su hermana Odile, de cervezas y sonidos de tambores…un sinfín de sensaciones innumerables que guardo en mis adentros hasta que pueda volver a revivirlas.

Cómo veis el lenguaje muchas veces se queda escueto para transmitir tantas sensaciones juntas.

No me gustaría acabar estos párrafos, sin decir que gracias a Ambrossio, Demba, y José María, pendientes en todo momento de cómo me encontraba, esto no hubiera sido posible, y que sin Paco la práctica de mis bailes senegaleses no hubiera sido la misma. Mis agradecimientos más sinceros a Assanatou, Marem, Aminata y Binta, cuatro mujeres espléndidas de Bandafassi (entre muchas otras), a toda la familia y amigos de Jean –Cristophe que me acogieron en el seno de la isla como si fuera originaria de allí, a Carmen y Miguel, por hacerme participe de ese momento tan maravilloso como fue su boda, a Ambrosio y su familia, y Demba, que me cuidaron día a día desde la distancia y la cercanía con cariño e ilusión.

Gracias a todos pues me he vuelto y ya tengo ganas de volver

 

 

EL TIEMPO SIEMPRE NOS ENGAÑA (pensamientos)

Cuando uno se propone venir a convivir con las gentes originarias de estas tierras bañadas en el rojo cobrizo que les caracteriza piensa que una treinta de amaneceres darán de sí como la goma elástica con la que juega toda niña. Pero el tiempo o nuestras emociones nos engañan hábilmente como por azar, pues el tiempo siempre parece más corto y tus vivencias incompletas, volviendo a tu vida cotidiana con la emoción de que todavía no es el momento de regresar.

Y así es, no es el momento de regresar en tu corazón, pero sí en el exterior. Conservas las emociones, los recuerdos, las sonrisas, y la vida llena de sabiduría que has visto a través de sus ojos.

El futuro, el avenir, nos espera para volver a compartir en estos lugares incesables emociones. Esperamos que la próxima vez el tiempo o nuestros sentimientos sean benévolos con nosotros, aunque me supongo que será difícil.

“On est ensemble”. Estamos juntos en esto…..En eso reside la vida, la cooperación y todo lo que gira alrededor nuestro.

Laura Blanco

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