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Sonia y Laura

Desde niñas una de nuestras pasiones siempre ha sido viajar, ya que nos encanta conocer nuevos lugares y culturas alrededor del mundo.

Esta vez decidimos descubrir Senegal, ya que desde hacía tiempo queríamos adentrarnos en África. En ese momento poco conocíamos de este precioso país, aun así decidimos ir motivadas por una amiga a la que le había encantado.

Desde el primer momento teníamos claro que queríamos recorrer el país en coche con la mochila a cuestas; para eso necesitábamos contratar un guía/chofer. Gracias a los foros de Internet descubrimos a Yakaar África, una ONG que ofrecía este servicio y de la que todos hablaban maravillas. Enseguida nos encantó la filosofía de la compañía y la excepcional atención de Demba, así que nos liamos la manta a la cabeza y decidimos compartir esta experiencia con su gente.

La verdad que la primera impresión al llegar al aeropuerto de Dakar fue un poco agobiante, entre el calor y la gran marabunta de gente. Pero enseguida aparecieron Ambrosio y Cheikh para decirnos que a partir de ese de momento los cuatro éramos una familia. Esa frase enseguida nos hizo dar cuenta que con ellos íbamos a estar como en casa y que no nos habíamos equivocado en escogerlos para esta aventura.

Ambrosio nos transmitió enseguida su amor por Senegal y nos explicó el increíble trabajo que la ONG Yakaar África está haciendo por los senegaleses más desfavorecidos.

Los primeros días visitamos a una familia con dos hijos albinos, a los cuales ayudamos con cremas solares para ellos.

En el interior, en la zona de Kedougou y Bandafassi, la ONG ayuda a mejorar la salud de los senegaleses a través de huertas.

En ellas cultivan muchos tipos de verduras, lo que les permite tener una dieta más variada atacando el problema de déficit de vitaminas que sufren muchos de ellos.

Además, permite que las mujeres puedan obtener algo de dinero, vendiendo sus propias verduras. Gracias a los técnicos agrícolas de la zona, los resultados son muy buenos y consiguen obtener lechugas, coles, patatas, cebollas…

En algunas zonas, estaban preparando incluso invernaderos, para proteger algunos de los cultivos del huerto.

También tuvimos tiempo de visitar algunas escuelas, como nosotras no queríamos ser menos, llevamos material escolar para los niños y ellos nos lo agradecieron cantándonos una canción.

 

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