Con los niños de Bandafassi

Transporte a la cascada


 

Carmen Peña y Teresa Fernández Carrillo

Ya en España sentimos que nuestro viaje a Senegal iba a ser muy especial. Pero la realidad superó con creces todas las expectativas que pudiéramos tener antes de emprender vuelo a nuestro primer país de África negra. Todo ello gracias a Demba y Cheikh nuestro guía y conductor, respectivamente, que terminaron convirtiéndose en amigos. Ellos son un ejemplo de la amabilidad, la honestidad y la hospitalidad que encuentras en Senegal. Damos gracias por haberles tenido junto a nosotras en este viaje. Ha sido un auténtico regalo contar con ellos.

El viaje ha sido un encuentro con la naturaleza, con su energía pura y con tradiciones casi casi olvidadas en el llamado mundo occidental, como la importancia de la familia, de compartir lo que se tiene, de la sonrisa de todos los que nos encontrábamos a nuestro paso y de la inocencia de los niños dispuestos siempre a jugar (aunque sea con una ‘tubab’), sobre todo fuera de las dos “grandes” urbes como son Dakar y Sant Louis.

Ha sido un viaje de sensaciones por nuestras visitas a sitios tan especiales como el desierto de Loumpoul, la cascada de Dindefelo y la subida a una de las escasas montañas del país, llamada Iwol, para ver cómo vive el pueblo de los Beddick.

Pero tan importante como estar en todos estos sitios fue ver cómo viven sus gentes y saber todo lo que está haciendo Yakaar África, una asociación muy ligada a la agencia en la que trabajan Demba y Cheikh que se han propuesto sacar adelante el país apostando por el desarrollo de proyectos para las mujeres (ya hay 47 en marcha). Mucha suerte en vuestro empeño. Estamos seguras de que lo conseguiréis.

Nos queda pendiente volver a Senegal para, entre otras cosas, ver Camanance, un paraíso según Demba, que cometimos el error de no visitar en nuestro primer encuentro con el país. Quién sabe, quizás sea porque es tan especial que tenemos que dedicar un viaje entero solo a esta región. Así lo haremos.


 

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