marisa

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No hace ni una semana que regresamos de un país maravilloso y personalmente no veo el momento de regresar

Para mi viajar es conocer, aprender, amar lo nuevo, comprender a los demás, compartir, convivir y crecer como persona. Enamorarme de un sinfín de personas, de parajes, de instantes. Sin duda este viaje a Senegal pasará a formar parte de los mejores viajes de mi vida y ya ocupar un lugar muy especial en mi corazón, me siento muy afortunada de haberlo realizado y como yo todos mis compañeros.

Este año las Navidades tenían que ser diferentes y realmente lo fueron, desde el primer momento en el que comencé a organizar el viaje tuve la intuición de que no podía salir mal y el resultado ha superado todas las expectativas. El país, el grupo, la gente y nuestros guías, todo ha sido perfecto, me faltan palabras de agradecimiento hacía todos ellos.

Nuestro grupo estaba formado por seis personas que no nos conocíamos, unidos por el azar. Dos de nuestros compañeros llegaron el 23 de diciembre y los otros cuatro lo hicimos la noche del 26 de diciembre, allí nos esperaban desde hacía más de dos horas, ya que nuestro vuelo salió con una hora de retraso de Casablanca, Ambrosio, Cheikh y la grandísima amabilidad que los caracteriza. Todo el grupo de Demba son personas extraordinarias y extremamente generosas y amables, nosotros tuvimos la grandísima suerte de que nos acompañasen Ambu y Cheikh durante los once días. Para ellos no había nada imposible, todas nuestras propuestas les parecían bien, dispuestos a ayudarnos en todo momento, preocupados porque estuviéramos como en casa, amantes de su trabajo y de su país. Ambu sabe transmitirte el amor que siente hacía esta tierra maravillosa, te explica todas sus tradiciones, su cultura y su historia, responde a todas las curiosidades y te hace partícipe de su vida.

A Cheikh lo podría describir como una de las personas más bondadosas y disponibles que jamás he conocido. El mejor conductor de todo Senegal, no había carretera buena, medio buena o mala que se le resistiera. Alegre y sonriente las 24 horas del día. Ambos están muy involucrados con la magnífica labor que hace la ONG YAKAAR ÁFRICA en estas tierras. Visitamos a sus familias, conocimos sus casas, nos trataron como a uno más, probamos unas naranjas deliciosas del naranjo que Cheikh tenía en su casa , saludamos a la abuela de Ambu, a su esposa y a todos los parientes, amigos y conocidos que tienen por todo el país ¡incluida Gambia!

Los once días fueron especiales, pero destacaría algunos episodios de entre todos. Uno de los momentos más emotivos fue cuando visitamos a la familia nómada. La abuelita de la familia le dijo a Ambu que le dolía la rodilla y que la tenía inflamada, nosotros teníamos una pomada para los golpes, se la regalamos y se la pusimos.

Hacía tiempo que no veía a una persona tan agradecida, la mujer nos bendijo de todas las formas posibles, nos deseó todo el bien habido y por haber y fue imposible no emocionarse. Ojalá se le haya pasado el dolor. El país entero está lleno de niños, todos son niñitos encantadores, sonríen, juegan, los ves felices con nada, da mucha lástima verles descalzos o con ropita rota, pero a pesar de ellos te trasmiten muchísima alegría y un enorme espíritu de superación y lucha. Durante nuestro viaje conocimos a muchísimos niños, la pequeña Carla, un amor de niña, la pequeña princesita de la isla de Carabane, más guapa imposible, una bebé hermosísima que encontramos junto a sus hermanos en el bosque de baobab, el pequeño niño de los Bedik que estuvo a mi lado durante todo momento, ojalá su sueño se cumpla y llegué a ser un gran maestro, las pequeñajas de la costa cerca de Cap Skirring y así muchísimos más.

Estos niños viven sin tablets, sin móviles, sin juguetes, ellos mismos se hacen sus propios juguetitos, molinillos de viento hechos con cañas y hojas, ruedas viejas de bicicleta que las hacen rodar con un palito, para estos niños Papa Noel no llega cargado de cosas, ni de objetos caros, a ellos la alegría se la proporciona un simple caramelo o una mueca divertida que les puedas hacer en un momento dado. Muchos de nuestros niños nadan en la abundancia y aún así dicen que se aburren, los ves desencantados y ansiosos. Cuanto tenemos que aprender de los niños africanos. Fue muy emocionante visitar los proyector de Yakaar África en Senegal, los terminados y los que están en marcha, vimos la granja de cerdos y los cultivos hortícolas y lo más importante, conocimos a las fantásticas mujeres que están al frente de ellos. Hacen un trabajo muy bueno, nos atendieron el día 1 de enero con una grandísima hospitalidad, nos mostraron su trabajo y nos explicaron que hacen, están orgullosas de ello, y no es para menos. No he visto cerdos más limpios y mejor tratados que estos. Mi enhorabuena al esfuerzo y la constancia de estas mujeres y al gran trabajo de Yakaar.

Fue bonito recibir el año nuevo junto a nuestra nueva familia, jamás olvidaré la nochevieja del 2015, no teníamos uvas, pero lo solucionamos rápidamente y tomamos cacahuetes al son de las doce campanadas que hicimos sonar mediante una copa y un cuchillo. Luego fuimos a un concierto que había en Zinguichor, repleto de gente y para mayor sorpresa al regresar al hotel nos encontramos con el cantante Simon Kouka, que al saludarlo y darle la enhorabuena, a pesar de estar súper cansado, nos regaló y dedicó su disco.

Recuerdo dos momentos bastante escalofriantes que te hacen estremecer, reflexionar y emocionarte. El primero cuando Ambu delante de la fábrica de cayucos de pescadores de Zinguichor nos explicó que esos eran los mismo cayucos que utilizan las mafias para enviar hacia España a tantas personas humildes, fue imposible no recordar las imágenes de Melilla llenas de inmigrantes, las personas que llegan en condiciones infrahumanas a las costas españolas y como muchos de ellos llegan incluso a perder la vida.

El segundo momento fue en la isla de Goreé en la casa de esclavos, Ambu nos explicó la historia de aquella terrorífica casa y de repente ves pasar por tu mente todas las clases de historia en el instituto cuando te contaban como Europa traficaba con esclavos, te vienen a la mente escenas de películas y capítulos de libros y notas la energía que emanan aquellas paredes, aquellos cubículos y al asomarte por la puerta de la salida sin retorno sientes vergüenza de la raza humana, de todas las atrocidades que se han podido hacer y lo peor es que todavía se siguen cometiendo tantas.

Nuestro viaje estuvo repleto de pequeños momentos que dan sentido a la vida y te hacen cargarte de energía para regresar a casa y seguir luchando, de grandes personas que te enseñan que no es necesario lamentarse tanto, es mucho más útil seguir hacia delante y sonreír que rendirse y llorar, y de tantas emociones que te hacen ver la vida de otra forma.

Hemos conocido a muchísimos ÁNGELES que siempre recordaremos y ahora nuestra familia es mucho más amplia. Las despedidas siempre son amargas pero esta vez no fue un “Adiós” sino más bien un “Hasta pronto” porque seguro que este ha sido el primero de muchas más visitas a Senegal.

Creo que todo el mundo debería viajar al menos una vez en la vida a un país como este, nos ayudaría a crecer y ser más fuertes, a valorar muchísimo más todo lo que tenemos, a no quejarnos tanto, a ser más humildes, mejores personas, más respetuosos y generosos, apreciar las pequeñas cosas, vivir de valores, respetar a los demás sin pensar en las razas, religiones o formas de pensar, convivir en paz, darnos cuenta que tenemos demasiadas cosas y que las cosas no dan la felicidad.

Gracias a Demba por su profesionalidad, por su dedicación y por tanto esfuerzo. Gracias a Jose María y a la ONG Yakaar África por todos sus proyectos y la gran ayuda que ofrecen a este país. Gracias a Víctor por contarnos todo lo que hacéis y transmitirnos la ilusión de la organización. Gracias a Miriam, Mario, Javi, Cris y Andy por ser mis compañeros de viaje y ahora buenos amigos y sobre todo gracias a Ambu y a Cheikh, porque sin ellos nada hubiera sido lo mismo, gracias por vuestra paciencia, por todo el trabajo, por vuestras historias, por abrirnos las puertas de vuestras casas, de vuestros corazones y por contagiarnos vuestra alegría. Gracias a toda la gente de Senegal, que ha hecho que el año 2016 haya empezado de la mejor forma posible. Nada más llegar a España ya se os echaba de menos ¡sois los mejores! Ahora nos quedan los recuerdos, todo el cariño que hemos recibido y las ganas de regresar con muchos más amigos.

¡Nos veremos pronto! La próxima vez mucho más tiempo, sin duda.

Marisa Puig

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