Ana, Laura y amigas en Senegal 3 con Yakaar África

Ana, Laura y amigas en Senegal 4 

Tres semanas en Senegal no es nada, pero a la vez es mucho. Es suficiente para hacerte una idea de lo que significa nacer en un país del tercer mundo.  

Suficiente para alucinar con los coches viejísimos, con la parsimonia al echar gasolina con el motor encendido, con la lentitud para hacer cualquier cosa, con los mil tipos de transportes, con las basuras esparcidas por calles, bosques y playas, para alucinar con los baños públicos y con las historias que cuenta la gente sobre hermanos, primos y amigos que intentaron llegar a Europa.  

Suficiente para pasarlo mal con el intenso calor, con el sudor desde primera hora de la mañana, con el agobio en los mercados, con los problemas gástricos, con la precariedad en las habitaciones de los hoteles y con algunos casi accidentes de barca.  

Suficiente para enamorarte de la luz brillante y cegadora del mediodía, de las lluvias torrenciales, de las mujeres trabajadoras y fuertes, de la amabilidad de la gente, de las cascadas y las montañas del interior del país, de la complicidad con tus compis de viaje, de los niños sucios pidiendo regalos, de saludar a la gente, de la belleza de hombres y mujeres, de sus cuerpos atléticos, de los atardeceres en la costa, de los tambores y ritmos africanos, de las canciones, de la gente que te invita a comer a su casa y no pide nada a cambio, de las playas, de las personas que serán el cambio.  

Suficiente para recomendar a todo el mundo que vaya, y que lo disfrute.

 

Patricia García Peña

Share