thierno  

 

Thierno se hace querer. Le va muy bien el nombre… Es cariñoso, dulce, atento, generoso, ingenioso, gracioso… Quizá sea cultural pero a la yaya le tiene un cariño especial. La respeta. La cuida. Los dos lloraron abiertamente en la despedida. La verdad es que todos lo hicimos. El resto del día transcurrió silencioso. Nadie tenía muchas ganas de decir nada. Tampoco había mucho que decir.  

Sabíamos que en Dakar lo recogía su hermana y que pasaban allí la noche antes de regresar a Kaolack. Así que estuvimos pendientes del reloj hasta que pensamos que ya habría llegado y que ya estaría con su hermana. La llamamos a su móvil. Al segundo intento nos contestó. Era Thierno. Se le oía contento. Estaba de vuelta en casa, con su familia. De vuelta a su vida.  

Al día siguiente nos llamó para decirnos que ya estaba en su casa, en Kaolack (veis cómo es atento???). Las nuevas tecnologías nos permiten mantener el contacto. Ahora hablamos casi todas las noche por messenger. Aunque sólo sea para decirnos: “¿Cómo estás? ¿Cómo ha ido el día?”. Es sorprendente que sepa escribir en un idioma que ha aprendido hablando… Otra muestra más de su gran capacidad…  

Y por messenger es como nos comunicó la mala noticia: “Yo quería sólo te dice que mi padre está muerto”. Incluso en un momento tan duro, nos da lecciones de comportamiento. Intentando darle ánimos nos dijo: “Yo no soy triste. Yo soy un campeón. Un campeón no va es triste”. Impresionante. Sabemos que Demba y Edou han ido a verlos y que están bastante bien… dentro de lo que cabe. La vida sigue…  

No sabemos que nos depara la vida. Nos sabemos si el destino hará que nos volvamos a ver, ni cuando… Lo que si sabemos es que Thierno estará siempre con nosotros. En nuestros pensamientos. En nuestras oraciones. En nuestros corazones. Thierno, TE QUEREMOS.

Miren Fabregat  

 

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