Senegal nunca había estado en mi lista de países a los que quería viajar….

 

 

Bafican, Carmen, Luis y Eduardo

Bafican, Victor en la fila con los niños para el reparto de caramelos

Carabane, Isabel bailando con las mujeres

Dakar.- Grupo con Demba

sla de Itu.- Carmen e Isabel jugando a la sillita a la reina con los niños

Itu, reparto ropa, caramelos y globos

Poblado de Bedick, Aruna nuestro traductor

Poblado de Bedick, Inma jugando con los niños

Poblado de Bedick, Isabel con los niños rodeando el Baoba

Poblado de Bedick, juegos con los niños

Poblado de Bedick, Luis enseñando juegos a los niños

Poblado Ibel, grupo con los niños

Senegal nunca había estado en mi lista de países a los que quería viajar, a pesar de tener mucha relación con él porque la empresa donde trabajo tiene allí una filial y a menudo hablo con ellos. Pero hace aproximadamente un año y por casualidad, un amigo, Víctor, me habló de Yakaar África.

Había regresado de un viaje a Senegal y había estado viendo los proyectos que estaba llevando a cabo en distintos poblados. Vino encantado del país y sobre todo de su gente. Como sabía que mi empresa tenía allí una filial me propuso la posibilidad de que colaboraran con Yakaar.

Nos reunimos con José María para que nos contara con más detalle y profundidad lo que estaba haciendo la ONG y me gustó tanto su filosofía y proyecto que poco después empezó mi colaboración personal con ellos. En Mayo asistí a la asamblea y todos los socios hablaban maravillas de Senegal, me decían que tenía que ir. Al principio no me llamaba mucho la atención la idea, por todos esos mitos que tiene África, pero en Junio empezamos a organizar el viaje y el pasado 28 de Noviembre un grupo de 12 personas cogimos un avión rumbo a Dakar para pasar 10 días inolvidables en los que vivimos emociones muy intensas difíciles de plasmar y transmitir en un relato.

La aventura comenzó cuando llegamos a Dakar a la 1 de la madrugada, el aeropuerto era un caos de gente en el control de pasaportes, en el control de visados y sobre todo a la hora de recoger el equipaje. Llevábamos tantas cosas que de repente aparecieron un montón de chicos ofreciéndose para ayudarnos y hubo un momento que ya no sabíamos quién nos ayudaba. Por fin salimos del aeropuerto y allí estaba Demba, nuestro guía protector que ha estado en todo momento con nosotros siendo uno más de esta familia de “Tubabs” que hemos formado durante nuestro viaje. De camino al hotel la ciudad estaba desértica, sin embargo, al día siguiente pudimos comprobar que Dakar es una ciudad bulliciosa y caótica pero ordenada dentro de su desorden. Cruzar una calle era todo un reto, aunque cuando te decidías a hacerlo los conductores eran educados y paraban para que cruzáramos.

Visitamos, junto con Ambrosio, los sitios típicos de la ciudad y después cogimos un barco con dirección a la Isla de Gore, un lugar precioso, lleno de encanto y de color, con una gente maravillosa. Tras un primer día muy intenso nos embarcamos en un ferry en el que viajamos toda la noche para llegar por la mañana a Ziguinchor. Una vez allí y mientras esperábamos para colocar todo el equipaje en la furgoneta, porque en Senegal todo va despacio, “nanka, nanka”, decidimos ir a dar una vuelta por la ciudad. Reinaba el caos y el bullicio, era una explosión de alegría y color, mucha gente se nos acercaba para saludarnos, necesitábamos comprar agua y un chico muy amable se ofreció a acompañarnos a una tienda, eso es lo que ellos llaman la “teranga”, la hospitalidad que caracteriza al pueblo senegalés y que hace que te enganche tanto.

Una vez cargado todo en la furgoneta, nuestra segunda casa durante los siguientes 9 días, comenzamos el viaje por el África profunda y nuestro recorrido por los proyectos de Yaakar África. De camino a la Isla de Carabane paramos en el pueblo de Bafican, donde vimos las instalaciones que han montado para la transformación de la fruta en mermelada y sirope y el taller de costura. Como era sábado la escuela estaba cerrada pero les dejamos material escolar a los responsables y estuvimos en el pueblo charlando con su gente y jugando con los niños.

La experiencia fue increíble los niños se acercaban a saludarnos, todos querían darnos la mano, estuvimos jugando con ellos y haciéndonos fotos porque les encanta que les hagas fotos y luego verse en las cámaras. Cuando repartimos globos y caramelos me llamó la atención que, a pesar de estar deseando recibir el regalo, los niños hicieron una fila perfecta para ir cogiéndolos uno a uno. Fueron momentos entrañables en los que todos disfrutamos.

Por la tarde llegamos a Carabane, una isla preciosa, como un pequeño paraíso donde pasamos la tarde visitándola y viendo la maternidad, otro de los proyectos de Yakaar. La matrona, junto con Demba, nos estuvieron contando todo el proyecto y su forma de trabajar. Ella era muy joven pero hablaba con una gran profesionalidad y respeto hacía su trabajo, nos mostró en todo momento su alegría por nuestra visita y apoyo. Por la noche asistimos a un espectáculo que las mujeres de la isla habían preparado para los visitantes. Fue muy bonito, lleno de ritmo y de color, la verdad es que llevan el ritmo metido en la sangre, y nos hicieron a todos partícipes de su alegría sacándonos a bailar, pasamos una velada muy divertida.

Al día siguiente visitamos la Isla de Itu y allí volvimos a disfrutar de la compañía de sus gentes y sobre todo de los juegos con los niños. Recorrimos la isla, visitamos el pueblo y finalmente estuvimos en la escuela entregando equipamiento deportivo y escolar. Compartimos momentos inolvidables con los niños, jugando, cantando y bailando, son una explosión de alegría que al estar con ellos se te contagia. Les encantaba que les cogieras a la sillita a la reina, les balancearas, les dieras vueltas, fue una experiencia muy divertida para ellos y sobre todo para nosotros porque hicieron que nos trasportáramos por un rato a nuestra niñez.

Seguimos nuestro camino hacía Kolda atravesando un paisaje lleno de frondosos árboles, una explosión de color que nunca me hubiese imaginado que podía tener Senegal. La ciudad, como todas las senegalesas, era un caos y muy bulliciosa pero después de 4 días ya era parte de nosotros, así que estábamos encantados. Por la noche era curioso ver como coches, unos con luces otros no, bicicletas y peatones conviven perfectamente en la calles de arena sin ningún tipo de problema, el orden que hay dentro de su desorden es algo increíble.

El día siguiente fue un día de mucha furgoneta, íbamos camino del campamento solidario Eco Badin y atravesamos todo el parque natural. Un viaje muy bonito en el que pudimos disfrutar de un paisaje lleno de colores rojizos, debido al terreno arcilloso, que le daban una luz especial. Vimos monos en libertad pero no tuvimos la suerte de ver a los famosos leones senegaleses. Llegamos al campamento y sin descargar nuestras mochilas nos fuimos en busca de los hipopótamos del río Gambia pero no hubo suerte, así que a la mañana siguiente sin desistir en el intento volvimos a buscarlos. Esta vez tampoco tuvimos suerte, los hipopótamos eran un poco tímidos y les daba vergüenza salir a darnos los buenos días, en fin que tendremos que regresar para que la próxima vez salgan a saludarnos. De regreso al campamento, donde nos trataron muy bien, repartimos equipamientos deportivos y nos marchamos rumbo a Kedougou. Allí nos esperaba Aruna, un estupendo chico senegalés con el que cogimos un 4×4 para ir a la cascada de Dindefelo. El camino fue toda una aventura y la caminata hasta la cascada un paseo por un entorno que te hacía sentir dentro de la selva. La cascada es una maravilla de la naturaleza que nos hizo disfrutar de un baño totalmente reparador después del intenso calor que habíamos pasado durante la caminata.

Volvimos a Kedougou a descansar y recuperar fuerzas para nuestra próxima visita, el poblado de los Bedick. Una vez allí y en cuanto nos vieron aparecer, la gente se acercaba a saludarnos. Estuvimos visitando la escuela y charlando con el profesor para luego visitar el resto del poblado, la plaza, el mercado, etc., pudimos disfrutar del contacto con la gente y hacer muchos juegos con los niños, fue muy divertido. Demba nos enseño un Baoba enorme y muy antiguo que hay en el poblado y allí, junto con los niños, hicimos un círculo para rodearlo, fue uno de los momentos que con más cariño recuerdo del viaje, todos unimos nuestras manos y nuestras energías se fundieron en una sola. Las horas que pasamos con ellos estuvieron llenas de risas y alegría, los niños nos mostraron su cariño e ilusión y nosotros lo vivíamos con ellos. Cuando nos marchábamos los niños seguían agarrados a nuestras manos y algunos de ellos, los más mayores, bajaron con nosotros de regreso a Ibel, donde pasamos un rato con la gente de allí, disfrutando de ellos y de la mirada de los niños cuando les repartíamos ropa, globos, caramelos, etc., una mirada llena de ilusión y alegría, porque en Senegal los niños tienen una mirada especial que te cautiva.

De regreso a Kedougou paramos en su famoso mercado de telas, era una explosión de vida, todo lleno de color que hace que hasta en un mercado caótico te sientas arropada por la alegría y el buen rollo que transmite la gente. Volvimos a ponernos en camino rumbo a Tamba, pero antes de llegar a nuestro destino paramos en una escuela donde Yakaar también colabora para entregar material escolar y deportivo. Cuando entramos en el aula de los más pequeños todos estaban callados repitiendo las vocales que otro niño más mayor les indicaba y al vernos se quedaron callados sonriéndonos, no sabían que hacer si acercarse o no, decidimos acercarnos nosotros y extenderles nuestras manos. Todos nos querían saludar, nos rodeaban y cogían nuestras manos, estuvimos jugando y bailando con ellos, fue un rato muy divertido. Después y en agradecimiento por el material que habíamos llevado, los niños cantaron una canción y la verdad es que fue un momento muy emotivo, se te encogía el corazón.

Reanudamos nuestra marcha desde Tamba hacía la Isla de Mar pasando antes por Kaolack y Ndangane, donde cogíamos una barca para ir a la isla. Durante el camino pasamos por pueblos de étnia Mandinga y pudimos ver que los hombres siguen manteniendo sus costumbres, la mayoría de ellos estaban tumbados bajo los árboles resguardándose del calor mientras las mujeres caminaban con grandes cestos o tinajas en la cabeza que llevaban en equilibrio de una manera magistral. El viaje en barca hasta la Isla de Mar fue precioso, el paisaje es muy bonito, todo rodeado de vegetación y un montón de aves, pelícanos, gruyas, garzas, allí estuvimos en el campamento Essamaye donde nos acogieron con gran hospitalidad. La estancia en la isla fue muy agradable, pudimos contemplar una de las mejores puestas de sol que hemos visto. Por la noche el cielo era una explosión de lucecitas y los sonidos todo un recital de cantos de distintas aves, es una isla con mucha energía y te la transmite.

A la mañana siguiente y con mucha pena, reanudamos nuestro camino hasta Mlbour, donde fuimos a ver la llegada de los pescadores, algo que no hay que perderse porque es único. Llegamos al puerto y cruzamos las instalaciones, la concentración de olores era muy fuerte e intensa y en algunos momentos te echaban para atrás pensando, ¿dónde me he metido? Sin embargo, cuando salimos a la playa la visión desde arriba era espectacular, una explosión de luz y color, un montón de gente, unos limpiando y vendiendo pescado, otros esperando o ayudando a los pescadores, las mujeres con sus vestidos de colores tan vivos, todo el mundo de aquí para allá, era un caos moverte entre los vendedores pero fue fantástico y me encantó.

Y llegó el último día, por la mañana disfrutamos de la maravillosa playa de Mlbour siendo todos conscientes que nuestra aventura llegaba a su fin. Después de comer pusimos rumbo a Dakar pasando antes por el Lago Rosa y atravesando en 4×4 las dunas del rally Paris-Dakar. La culminación de este recorrido fue estupenda cuando al bajar una de las dunas llegamos a las kilométricas playas de Dakar con una luz blanca increíble que nos hizo disfrutar de uno de los espectáculos naturales más bonitos que he visto y cumplir uno de los sueños de Eduardo. Tras este gran fin de viaje nos dirigimos al aeropuerto para coger un avión que nos traería de vuelta a nuestra vida, tan diferente a lo que habíamos vivido en los últimos días. Nos despedimos de nuestros gran amigo Demba con un hasta luego porque nos volveremos a ver en Senegal para seguir descubriendo ese país tan lleno de alegría, color y vida que nos ha robado a todos un trozo de nuestro corazón.

Para finalizar el relato de este viaje tan especial quiero dar las gracias a Yakaar África por permitirnos ser parte de sus proyectos y participar en ellos, por darnos la oportunidad de visitarlos y vivirlos intensamente con su gente. Enhorabuena por la labor que estáis haciendo y todo nuestro apoyo para seguir con ella. Gracias a Ambrosio y Aruna que nos acompañaron y cuidaron en alguna etapa de esta aventura y gracias a todas aquellas personas que hemos conocido en el camino, por su amabilidad y hospitalidad hacía nosotros, gracias por contagiarnos vuestra alegría. Especial agradecimiento a Demba por haber sido el anfitrión perfecto, por enseñarnos el verdadero Senegal, el que mucha gente no ve, por presentarnos a su maravillosa gente que nos ha enseñado tanto y con la que hemos vivido momentos inolvidables. Felicitarle por la labor tan admirable que está haciendo, ayudando y enseñando a su país a utilizar sus recursos para hacer de él un lugar mejor, felicidades porque es todo un acto de amor hacía tu tierra, sigue así te apoyaremos.

Y a mis compañeros de viaje, Mª José, Carmela, Carlos, Víctor, Eduardo, Lourdes, Mª Jesús, Luís, Inma, Manolo y el Seco, mil gracias por haber compartido conmigo esta aventura tan especial que ha sido una de las mejores experiencias de mi vida. Todos y cada uno habéis sido una parte esencial de este viaje y habéis contribuido a que saliera perfecto. Gracias porque todos juntos hemos formado una pequeña familia de “Tubabs” donde hemos compartido risas, emociones, alguna que otra Flag y sobre todo momentos inolvidables. GRACIAS!!!!!!.

Isabel Tomás

 

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