Habrá un antes y un después del viaje a Senegal…

 

Teresa 13en Senegal con la ONG Yakaar Africa

Teresa 2 en Senegal con la ONG Yakaar Africa

Carlos

Teresa 1


Senegal, mi primer viaje a África, al que llegué con un hormigueo en el estómago y un poco de “canguis” ante lo desconocido. Ha sido un viaje duro: en lo físico por el calor que nos golpeó nada más salir del aeropuerto en Dakar, dejándonos empapados en cuestión de segundos y que nos acompañó todo el viaje, pero sobre todo en lo emocional, cuando fuimos encontrando esa realidad dura e injusta, pero también mágica, tierna y acogedora.

He vivido momentos que me han sorprendido, emocionado, conmovido, pero en ningún caso me han dejado indiferente y que intentaré resumir para no enrollarme mucho.

Fue mágico el viaje nocturno en el cayuco desde Elinkine a Carabane, con el cielo plagado de estrellas incluyendo una con dotes bailarinas, como también fue mágico el baile de las mujeres del poblado de Carabane que generosamente nos regalaron.

Me sorprendió terriblemente las precarias condiciones de las ciudades, con las calles de tierra, a pesar de tener una población importante, con las basuras por todos los sitios conviviendo con ellas como si fuera lo más natural. Es curioso que el plástico que, supongo, ha facilitado la vida sobre todo de las mujeres, sin embargo deja su parte negativa en los residuos esparcidos por todas partes. Lo que me hace pensar que les han llegado algunos retazos del mundo desarrollado pero no lo recursos para eliminar sus efectos negativos.

Me emocioné con el recibimiento que nos hicieron en los poblados que visitamos, especialmente en Baficán, Bandafassi, Boundoukoundy, etc., al tiempo que me abrumaba su agradecimiento, siendo consciente de que he recibido mucho más de ellos que lo que yo les he dejado. El nudo en la garganta aparecía en las despedidas, sabiendo que en breve yo volvería a mi mundo acomodado, a pesar de su crisis económica que vista desde Senegal parece una frivolidad, mientras ellos permanecerían en su misma situación precaria. Menos mal que está ahí Yakaar África mejorando pasito a pasito sus condiciones de vida.

Me llamó la atención la naturalidad y cercanía de la gente, todo el mundo saludando en cualquier sitio, tendiendo la mano con el “ça va” y la sonrisa permanentes. Te hacían sentir como en casa.

Y la alegría de los niños, jugando, corriendo, que aparecían de golpe por todos sitios, aunque de primeras nos miraban serios, quizá expectantes, después todo eran sonrisas, cogiéndonos de la mano, siguiéndonos a todas partes, como si fuéramos un juego más, y debíamos serlo, esos “toubabs” tan raros. Me encantó su picardía, escondiendo el primer regalito para conseguir un segundo.

Me conmovieron especialmente la visita al Dispensario de Berr donde las madres con sus bebés esperaban a la enfermera, y entre las que había una niña tumbada que parecía no tener fuerzas para moverse, quizá malaria, pensamos; la maternidad de Kabrousse en la que una chica jovencísima, como todas las que estaban allí, había perdido a su bebé y nos miraba con una expresión triste pero dignísima, casi desafiante. Qué buena idea la de fomentar las maternidades para que las mujeres puedan descansar al menos tres días después del parto. Igualmente retengo en mi memoria al niño de Nathia con su pantalón roto y su camisa rosa de niña con una expresión tan seria y yo diría que triste que partía el alma. Así como la visita a los niños albinos en Koumpentoum, uno de los cuales lloraba constantemente. Y por último, en el aeropuerto de Dakar a punto de tomar el vuelo de regreso, una chica en la que creo se daban las peores condiciones para vivir en África: ser mujer, pobre y albina, que con su bebé a la espalda quería cambiar 20 monedas de euro por un billete y yo no tenía ninguno, cómo me taladra aún su mirada.

Me quedan muchas cosas por decir pero tengo que acabar, así que en el capítulo de admiraciones y agradecimientos, no quiero dejar de expresar mi admiración por el trabajo y la valentía de Paola y Araceli. También mi gratitud y admiración para Demba y su “equipazo”: Cheikh el mejor conductor del mundo, Ambrosio el bailarín más simpático, Doba y sus hermanos Arouna y Iero (no sé como se escribe este nombre) por su paciencia y amabilidad infinitas en la subida a Dande. Y a Demba por su simpatía, su profesionalidad, su sensibilidad extraordinaria hacia los problemas de su gente y su responsabilidad y compromiso en la búsqueda de soluciones. Buena gente, muy buena gente.

Al igual que al regreso del viaje a mi querida Guatemala, habrá un antes y un después del viaje a Senegal. Una experiencia inolvidable.

TERESA MATIACI

Información para hacerse socio
Share