NO QUERER IRSE NUNCA MÁS

Pais Bassari Teranga senegales Jugando con los niños Taller de costura Badian Mako Ester Nart en Senegal Comida en Senegal  


En 2008 yo era una chavalilla de 23 años, ansiosa por conocer y viajar, empezaba a tener un buen trabajo, y unos maravillosos compañeros, así que como la mayoría de los niños que teníamos en el centro en el que trabajaba eran de Gambia y Senegal decidimos hacer un viaje conjunto para descubrir y conocer un poco más de qué nos hablaban nuestras familias.  

Como Gambia por aquél entonces estaba un poco en conflictos políticos, pues decidimos no arriesgar tanto e irnos a Senegal. Contactamos con un chico llamado Mahamadou, que se nos ofreció de guía y nos facilitó un chofer y nos hizo una propuesta de ruta muy bonita.  

Éramos 7, 2 parejas y 3 chicas. Ninguno de nosotros había estado antes en un país africano (descontando Marruecos, Tunez,…), en la África negra que la llamamos aquí. Fuimos a las visitas de vacunación internacional y bueno empezaron los miedos, y es que la verdad, no sé si es que ponen a las enfermeras más miedicas o es que es su trabajo para que seas extremamente precavido…  

La primera vez que viajas a un país como Senegal y pones los pies en el suelo, nada más bajar del avión empiezas a pensar que como fue que se te ocurrió irte a un lugar así.  

Te invade un calor bochornoso, en menos de 5 minutos tienes las manos llenas de polvo, te entra la sed y no paras de recordar a esa enfermera diciéndote que debes mantener las manos limpias, no ponértelas en la boca para nada, no beber nada que no sea precintado, ni se te ocurra tomarte un zumo, una ensalada, etc. Así que con ese calor y esa sed empiezas a agobiarte y te acabas en 3 minutos toda el agua que te quedaba. Te embadurnas de Relec Extreme, te bajas las mangas de la camiseta, de los pantalones, porque, como decía la enfermera hipocondriaca, el “Lariam” no va a evitar que cojas la malaria, simplemente hará que sea más leve, pero lo más importante es ir bien tapado y que no te pique nada!! Y empiezas a sudar!  

Quizás exagero un poco, pero éramos tan novatos y tan jóvenes! (Seguimos siendo jóvenes, pero menos novatos) Después del agobio inicial, miras a tus compañeros, te relajas por aquello que dicen “mal de muchos consuelo de tontos” y empiezas a abrir los sentidos para empezar a disfrutar. De repente se empieza a pasar el calor, tu cuerpo se acostumbra a los olores, a la noche de ese país, a ver sonrisas en la oscuridad, a la música, al sonido… Y al día siguiente es cuando empieza el amor.  

Mi amor fue tan grande esa primera vez que en 2009 fuimos a Mali con los mismos 7 que habíamos ido a Senegal el año anterior y 5 más, nuestro poder de convicción se debe al brillo de nuestros ojos al volver de aquel primer contacto africano. En 2010 fui a Sudáfrica, menos intenso, pero muy interesante histórica y culturalmente.  

En 2011, la llamada africana, como he escuchado algunas veces, seguía insistiendo. Esa vez embauqué a una amiga, Cristina, para que me acompañara a Senegal, otra vez. Entré en el foro viajeros para ver si podía recuperar el contacto de Mahamadou, y descubrí los fabulosos comentarios que dejaban los foristas sobre Demba. Ojeé la página web de su ONG y contactamos con él. Todo fue sencillo, rápido, intentamos regatearle el precio (el regateo es uno de mis deportes favoritos), y aun sin verle ni conocerle nos pareció un chico encantador.  

Fueron 17 días magníficos, obviamente no sufrí ningún ataque de pánico como en la primera vez y mi experiencia hizo que Cristina, mi amiga, pudiera disfrutar des del primer minuto de todo lo que nos rodeaba. Demba nos dejó en manos de Dominique y Cheikh, unos guías excelentes y unas personas magníficas. Disfruté de ese viaje como de ningún otro en mi vida. Pude compartir, experimentar, vivenciar y empaparme de una cantidad de cosas que no olvidaré en toda mi vida. Es difícil explicar con palabras que se siente en lugares como Bandafassi, compartiendo momentos con Leontina, en la isla de Itu cuando un brujo te hace un hechizo para que seas fértil y tus sueños de ser mama se cumplan; cuando sientes el calor de la mano de un niño en Mako mientras te bañas con él en el río para terminar ayudando a su mamá a lavar la ropa (ella riéndose, como no, de tu poca habilidad lavando con una pastilla de jabón y una piedra); cuando una anciana ciega te acaricia la piel de la cara y te dice que eres hermosa, te sienta a su lado y te aprieta la mano mientras te cuenta historias que casi no entiendes. O cuando la mamá de Dominique te invita en su casa a un agua de un coco recién cortado; Podría estar diciendo cositas lindas que sentí infinitamente, porque creo que hasta mis problemas estomacales fueron un buen recuerdo.  

Compartir una juerga con los atractivos hombres de Carabane; enseñar palabras españolas a un niño mientras su mama te trenza el pelo, y terminar bailando, comiendo coco y riéndote sin parar con toda la familia; empaparte de sudor paseando por el mercado de Kaolack y empaparte los pies de restos de pescado en Mbour mientras ves llegar a los pescadores; cantarle el cumpleaños feliz a Cristina viendo como se le llenan los ojos de emoción y que el pastel de cumpleaños sean dos mangos riquísimos.  

y QUE SE TE CAIGAN LAS LÁGRIMAS AL DESPEDIRTE DE DOMINIQUE Y CHEIKH Y NO QUERER IRSE NUNCA MÁS A CASA POR MIEDO DE NO ENCONTRAR SENSACIONES TAN PURAS Y AUTENTICAS COMO LAS QUE HAS TENIDO EN SENEGAL.  

Senegal es para vivirlo, para soñarlo pero sobre todo para contarlo y repetirlo sin límites, sin miedos, con ilusiones, con el corazón abierto y con las ganas de empaparte de una magia que es indescriptible. Así que aquí estoy, intentado empezar a formar parte de la familia de Yakaar Africa, para saciar mis añoranzas.

ESTER NART

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