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Pepa Conejos

Para los que no lo sepáis, soy enfermera….y me encanta. Para mí es la mejor profesión del mundo, cuidar, ayudar a sanar, ayudar a bienvivir. En mis viajes a Senegal tengo la oportunidad de desarrollar allí este precioso trabajo, con todas las responsabilidades que ello conlleva y el momento que estamos viviendo ahora con Ousmane y Ramata es una consecuencia de ello.

Todo ha sido tan alucinante: tomar la decisión de intentar traerlos a España para sus respectivos tratamientos, después de conocerlos a los dos el mismo día, en la Post de Santé de Bandafassi, fue uno de los momentos mas intensos de mi vida. Llegar conjuntamente con José María, vía WhatsApp, con lágrimas en los ojos y agradeciendo que la comunicación fuera por escrito, a la decisión de emprender esta gran aventura, fue una acción importante y una toma de responsabilidad que pesa, pesa mucho.

Luego vinieron los trámites contrarreloj (porque la situación de extrema gravedad de los niños así lo requería) en Senegal y en España, los papeles, las trabas, los permisos….el Pekín Express que me decía Jose María para animarme, y al final lo logramos.

Después, la emoción de la llegada, la grandísima dedicación de los grupos de apoyo, el caluroso recibimiento de las familias de acogida y por fin, el comienzo de esta montaña rusa que estamos viviendo de alegrías y disgustos, de risas y lágrimas, de éxitos y no tantos éxitos……Duro, muy duro, porque cada vez el componente emocional es mayor y la intensidad con la que vivimos cada minuto del día es indescriptible, cada información médica, cada prueba, cada revisión. No nos podemos sacar a estos preciosos niños de nuestras cabezas y sobre todo no podemos dejar de admirar su entereza, su valentía, sus ganas de vivir, que les ha hecho viajar solitos a miles de kilómetros de su familia para curarse, PARA VIVIR, y vivir disfrutando y poder volver a sus poblados con la medalla de oro de estas olimpiadas en las que están participando.

Me siento muy responsable de estos momentos que estamos viviendo, pero también muy orgullosa de pertenecer a la familia de Yakaar. Pero tengo miedo, mucho miedo. Estos niños ya son parte de nuestra vida que va a cambiar para siempre. Y nosotros somos parte de la suya, en la que vamos a influir definitivamente, así que, solo pido mantener la fuerza y la unión que tenemos ahora. Con ello el éxito está asegurado, porque ellos son unos campeones.

Desde el mismísimo CORAZON de Ousmane y Ramata…..¡¡¡millones de gracias a todos!!!!

 

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