Cuando viajamos a un nuevo país siempre intentamos hacerlo con la menor información que nos es posible, a fin de no crearnos ningún prejuicio

 

Koldo y Gosia en Senegal

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Cuando viajamos a un nuevo país, tanto Gosia como yo, siempre intentamos hacerlo con la menor información que nos es posible, a fin de no crearnos ningún prejuicio ni tener ninguna idea preconcebida antes de llegar. Por eso, llegar a Senegal y ver el contraste de culturas que aquí habitan es impresionante. De hecho, entre su cultura y la nuestra, sus condiciones de vida y las nuestras, también hay un abismo. El hecho de tener una basta experiencia viajando e integrándonos en diferentes culturas nos va a ser muy útil.  

“Para descubrir un país, hay que introducirse en la vida de barrio de las ciudades medianas”  

El hecho de llegar a Dakar, un aeropuerto ruidoso donde te esperan cientos de personas a grito pelado intentando llevarte en su taxi, impacta. Pero, impacta mucho menos cuando durante el viaje has estado hablando con un Senegales afincado en España y a la llegada te ayuda desinteresadamente. La ciudad, tan bulliciosa como el aeropuerto, llena de comerciantes y buscavidas… Esto no puede ser Senegal. Y no lo es, para descubrir un país hay que salir de la capital, introducirte en la vida de barrio de las ciudades medianas, aceptar la hospitalidad espontanea de los locales o sentarte bajo un mangal en el pueblo más pequeño que te encuentres en el camino. Parar y tras esperar unos minutos sin hacer mucho esfuerzo, tan solo con saludar a la familia que allí se encuentra, empezarán a hablarte y a interesarse por ti, tan pronto como se acostumbren a tu presencia. Ahí empieza la teranga (hospitalidad) Senegalesa. El límite de dicha hospitalidad no tiene límite, así que hay que saber decir: es suficiente, muchísimas gracias, estamos eternamente agradecidos y volar hacia la siguiente experiencia.  

Sin embargo, como he dicho, es un país de constraste; el toubab, o blanco, siempre tiene la ligera sensación de ser engañado en casi todos los comercios que pisa, sensación de que están cobrándole más que al anterior cliente por el mismo servicio o producto, o que cuando pide un kilo le ponen kilo y medio para sacarle algo más. Aquí ya dependerá de la experiencia, sangre fría y saber tomarse las cosas con humor y paciencia para evitar eso y regatear.  

Pero, en cierta manera, puedes entender la trapisonda, cuando vas viendo y entendiendo la realidad en la que viven: una mujer que con un ridículo sueldo de su puesto en el mercado mantiene casi 20 bocas y un hijo en la universidad, ves cientos de chabales en corros de a 5 en las puertas de casas, sentados, desde las 8 de la mañana hasta altas horas de la noche, sin oficio ni beneficio. U observas el lamentable estado de las carreteras que une las poblaciones en las que no hay industria o producción importante para su exportación. Efectivamente, aunque viajes casi sin dinero como es nuestro caso, haciendo autoestop y alojándote en sus casas, aun así, tu eres consciente de que tienes más que ellos.  

“Con los ridiculos 3,9 euros que has gastado en el mercado van a comer 20 personas”  

El día que acompañas al mercado a hacer las compras del día, resulta interesante ver como con los ridículos 3,9 euros que has gastado, van a comer esas 20 personas que esperan en casa. Ese día incluso habrá más salsa, verduras y pescado o carne en el arroz que de costumbre. Sin embargo, pese a que solemos contribuir a la economía familiar cuando viajamos nunca damos dinero. El dinero, al igual aquí que en Europa, se esfuma.  

En este país, al igual que en los vecinos y probablemente en todo África, necesita acciones e iniciativas que desarrollen la educación, pues no es obligatoria aun en Senegal y el absentismo escolar es muy alto. A nosotras como profesoras nos sangra especialmente ver a niños mendigando. Además, hacen falta proyectos sostenibles que, partiendo de las necesidades que observe cada comunidad local, ayudemos a desarrollar la economía local y formar a dichas personas en su gestión, así como dotarlos de herramientas o maquinaria que además de usar sepan mantener, pues un generador importado, sin mantenimiento no dura, una explotación avícola sin comprensión de la necesidad de almacenaje de alimentos en un país donde la distribución de pienso no es de flujo constante, crea perdidas de producción y puede ser la diferencia entre una iniciativa genial o un desastre que caiga en desuso y, por tanto, resulte en un derroche de dinero europeo gastado a la africana.  

“La capacidad de gestión local marca la diferencia entre una iniciativa de éxito o un derroche de dinero europeo gastado a la africana”  

Senegal necesita formar a personas con mucha iniciativa, capacidad gestora y una gran sensibilidad social, que desarrollen proyectos en sus comunidades a partir de las necesidades que ellas tengan, que además, vean la necesidad de que dichos proyectos se sustenten por si mismos en el futuro: necesitan personas con visión de proyección a futuro y capacidad de previsión que den origen y desarrollen las iniciativas que desde allí surjan.  

Y, de esta manera, durante nuestro viaje, sin pisar hoteles, viendo las sencillas vidas, escuchando sus necesidades, observando algunas iniciativas locales de éxito y escuchando como han llegado hasta ellas; vas planteándote el modo en que podrías ayudar desde allí o desde aquí, trabajando sobre el terreno. Si aun, con la mejor de nuestras intenciones, conseguimos los buenos propósitos que nos proponíamos. Y, en nuestra divagación personal y reflexión con locales, el viaje de turismo se convierte en un viaje de sensibilidad social.  

Koldo Burgoa Comunión

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