ORGULLOSA, SATISFECHA Y ESPERANZADA  

ORGULLOSA, SATISFECHA Y ESPERANZADA 2

 

Como médico residente de Pediatría de segundo año, me decidí a realizar este viaje, con toda la ilusión de poder ayudar en lo que sea posible, de conocer otro mundo totalmente distinto al que estoy acostumbrada, y de poder aprender de lo desconocido; con todos los miedos de un médico en formación, de una nueva forma de trabajo en la que el ojo clínico es la única herramienta de la que dispone, el miedo de una persona que hasta hace poco había vivido en hogar familiar.  

Al comienzo una mezcla de sentimientos encontrados: alegría de conocer gente nueva, que desde el principio me inspiraron total confianza; sorpresa y tristeza al presenciar y dormir en las afueras de Yakaar, con calles desordenadas, repletas de gente, vehículos, animales y residuos.  

Enseguida llegamos a isla Carabane, y diría que es aquí donde mayor fue mi asombro. Paraíso donde los haya. Gente hospitalaria. No podía creer que estuviera en África. Degustamos las comidas típicas senegalesas, nuevas para mí, y riquísimas.  

Tan grata y placentera fue mi estancia en Carabane como el traslado en Cayuco que realizamos para acudir al próximo poblado: Oussouye. Bosques de árboles frondosos, Baobabs enormes, cocoteros y palmeras, un viaje fascinante. No así el lugar en que íbamos a residir los próximos días, una estancia con paredes de adobe, con bajitos techos de paja, ubicada como el resto de viviendas en el interior de los bosques, repletos de animales e insectos con los que hasta ahora no había familiarizado, no tan de cerca. Supongo que fue el cambio lo que hizo que todo se relativizara. Definiría esta parte del viaje como la menos gratificante para mí. Nuestro trabajo en Kagnout fue algo más desordenado, gente hospitalaria pero más demandante, con patologías algo más graves.  

Los días pasaban y mis compañeros y yo ya éramos como una familia. Veinticuatro horas juntos y ningún conflicto, más bien todo lo contrario, siempre sonriendo y apoyándonos en todo. Aprovechábamos el tiempo libre para conocer las gentes, sus costumbres, sus campos de cultivo o sus talleres de costura. Finalizada nuestra estancia en la región de Casamance, nos dirigimos, después de un largo viaje, hacia País Bassari. En primer lugar Dindefelo: Un lugar precioso, primitivo, rural, la imagen que los occidentales tenemos de África. Rodeado de un precioso paisaje de montañas que día tras día me embelesaba. Cabañas pequeñitas construidas a base de adobe, paja y madera, y una mezcla de restos de materiales diversos usados para “tapar huecos”. Gente por todas partes, esperando ansiosos nuestra llegada. Simpatía y hospitalidad es lo que se respiraba. Yo ya estaba más que acostumbrada a este tipo de vida. Sin agua corriente, sin luz, sin paredes que aislaran del medio externo, y yo me encontraba mejor que nunca. El trabajo no obstante fue muy duro: muchos niños, y muy muy enfermos. Conocimos aquí a nuestros traductores, personas muy especiales con un grandísimo corazón y que posteriormente continuarían con nosotros.  

Último poblado: Bandafassi. Ya con el final tan cerca, los días pasaron rapidísimo. Apenas comenzamos a trabajar cuando ya estábamos recogiendo los materiales y haciendo maletas. Alegre de saber que enseguida vería a mi gente, a la que silenciosamente había echado mucho de menos, pero nostálgica y triste de que esto acabara.  

Mención aparte (porque de no ser así tendría que mencionarlos en cada renglón) a dos maravillosas personas que nos acompañaron durante todo el viaje: Ambroisse y Cheikh. Sin ellos nada hubiera sido lo mismo. Desde el principio me inspiraron confianza y seguridad, pero día a día me sorprendían gratamente. Tan protectores, tan humanos, tan humildes, tan solidarios, tan serenos, tan resolutivos, tan trabajadores, tan dispuestos a todo…no hay una sola palabra que defina a estos personajes. Ojalá las personas fuéramos así.  

En definitiva, muy contenta, orgullosa, satisfecha y esperanzada me encuentro después de esta experiencia vivida. Sin duda repetiría  

Miriam Sielva Motellón  

 

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