Niños Berr

Bailando en Ocean y Savanne

Pelicanos en Djoudj

Niños albinos

Con Marene en Bandafassi

Profesora español Bandafassi

Aruna en Iwol

Con niño en Dindefelo

Pancarta Bafican

Baile en Carabane

Juan en Hitu

Celestino y Paulino


Los viajes a Senegal tienen muchos momentos diferentes, unos son divertidos, otros te emocionan, pero ninguno te deja indiferente. En este pequeño relato voy tratar de resumir mis momentos de este viaje.

En Berr, Mussamba nos invita a su casa, nos mete en una habitación donde hay….nada, aparte de una televisión pequeñita que brama cánticos religiosos y nos invita a unas litronas de Fanta, es nuestro primer contacto con el Senegal auténtico.

 

 

Llegamos al campamento de Ocean y Savanne. Por la noche Amadí, Demba y el personal del campamento nos preparan los tres tés senegaleses, el primero amargo como la muerte, el segundo dulce como la vida, el tercero meloso como el amor. Y de paso se marcan unos ritmos increíbles al djembe al mismo tiempo que consiguen que todos nos pongamos a bailar.

 

 

No tenía muchas ganas de ir a la isla de Djoudj pero los pelícanos y cormoranes se encargaron de demostrarme que estaba equivocado Nunca veré una demostración de acrobacia aérea mas espeluznante. Nos pasaban por todos lados a unas velocidades increíbles y con una precisión milimé-trica. !Qué gran espectáculo!

 

 

 

Bajamos del coche, de pronto un niño vestido casi con harapos se echa en mis brazos. Ya no me lo despegaría en toda mi corta visita. Es negro pero parece blanco. El cuerpo lleno de manchas negras, como si le quedaran restos de su verdadero color, pero en realidad son costras de quemaduras del sol. Su hermano pequeño, todo lo contrario, se refugia temeroso en brazos de su madre. Se nos hace un nudo en la garganta. !Ambrosio! ¿como no nos has avisado de esto? Sólo podemos darles alguna crema, chucherías y un poquitín de cariño, a todas luces insuficiente.

 

 

Estamos en Bandafassi, Marene nos recibe en su casa. Nos pide por favor que los voluntarios no se queden en el campamento que quieren que convivan con ellos, que ellos les hacen una cabaña pero que se queden allí en el pueblo, para que puedan disfrutar todos juntos. Toda una declaración de amor, Marene, siempre con-sigues emocionarme

 

 

Estamos en la entrega de bicicletas en el Liceo de Bandafassi: “Chicas colocaros para la foto”. Desbandada general. Pero ¿Qué pasa?. Respuesta: “No querrás que nos pongamos al lado de la profesora de español que nos saca la cabeza, está como un tren y encima parece que se ha vestido para una boda, pareceríamos unas traperas”. Me pregunto: ¿irá siempre a clase tan arregladita? o ¿cómo ha podido adivinar que hoy habría un acontecimiento en el Liceo?

 

 

Me encuentro con Arouna, le falta tiempo para abrazarme, me rodea con sus brazos por la cintura y apoya su “cabecita loca” contra mi pecho, mientras me llama papa. Me desarma, no sé si besarle en la coronilla o quedarme como un pasma-rote mientras se me caen unos lagrimones. Los abrazos senegaleses son diferentes a los españoles, no tratan de aho-garte tipo oso, ni de desatragantarte a base de palmadas,ni de quitarte la mugre a base de frotarte brazos o espalda. Son como los abrazos de un hijo… si alguna vez nos abrazá-ramos con nuestros hijos, yo les llamaría los abrazos tiernos.

 

 

Estamos en Dindefelo. Las mujeres vienen a la reunión con sus niños, los mismos con los que van a trabajar a los campos o hacen las labores domésticas. Yo le echo el ojo a uno vestidito de rojo y según acaba la reunión me lanzo a cogerle en brazos. ¿Porqué los niños senegaleses no lloran nunca? Tampoco sonríen, te miran con una carita de ligera extrañeza pero se quedan tranquilitos dejándote una sensación inmensa de paz y felicidad.

 

 

Llegamos a Baficán. He vivido ya cuatro veces el mismo recibimiento y me sigue emocionando como el primer día. Mucho más en esta ocasión con todo el pueblo vestido con camisetas blancas que nos agradecen la ayuda prestada al pueblo. En el centro del poblado tienen una gran pancarta con el mismo lema. Nos imponen a mi mujer y a mi los vestidos típicos de la zona, que , por cierto, dan un calorcito….Creo que no he dejado ni un mo-mento de dar palmas como un idiota, salgo en todas las fotos y videos así, pero no me he dado cuenta, ni, por supuesto, me importa. Quizás me he sentido Mr. Marshall por un día.

 

 

La fiesta diola que nos monta todo el pueblo de Carabane es alucinante. Yo creía que con la boda de Marc y Judit lo había visto todo, pero es completamente diferente. Todavía no se me ha olvidado aquella maravillosa música suave de la boda, pero esta es también magnifica, mas enérgica, todo ritmo. Al día siguiente en el Hotel de Kabrousse hay fiesta diola, unos 20 bailarines y músicos no merecen ni una mirada despectiva por nuestra parte, comparado con…..

 

 

Llegamos a la escuela de Hitu. Juan se adelanta y entra, sale escopetado: ‘daos prisa chicas, no os vais a creer lo que hay aquí dentro.’ ¿Qué había? Sólo treinta pequeños senegalesitos. ¿Qué hicimos? Nada, jugar al corro de la patata. Pero…para muchos fue el mejor momento del viaje.

 

 

Lo siento por los socios de Yakaar que son del Barca, pero mi amigo Paulino es del Madrid, a muerte, cuando llegamos a Elinkine, justo antes de la debacle madridista, me ve abrazarme con mi ami-go Celestino, felizmente vestido con su camiseta azulgrana. Reacciona a lo grande, ni un reproche, le compra el equipo completo del Madrid. Yo la próxima vez te traigo el del Atleti, que aquí no se vende. Animo Celes! A este paso te vas a hacer con el ajuar completo de la 1ª División española.

 

 

 

Demba se equivoca con las reservas justo en el sitio donde esa equivocación no tiene remedio. A partir de ese momento trabaja calladamente para compensarnos hacien-do que todo salga perfecto. Yo, que estoy al tanto de que nos va a dar una explica-ción, me sorprendo de cómo consigue transformar ese momento duro de pedir disculpas en una pequeña fiesta en la que hasta los más ‘duros’ de nuestro grupo participan. Chapeau de nuevo Demba y gracias a ti y a todos los Demba tours boys

 

Creo que tendría momentos para llenar varios boletines más, pero vamos a dejarlo aquí, por ahora….

Jose M. Piñero

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