Este continente me ha enamorado, me ha cambiado la vida…

 


Mi viaje comienza en Joal Fadiouth. Hace un sol de justicia pero me siento como si flotara en una nube, no me importa ya que estoy viviendo un sueño.  

Todo me asombra, el tráfico en las afueras de Dakar es caótico a la vez que un tanto curioso. Con tan sólo un bocinazo o una ráfaga de luces se apartan para dejarte pasar.  

En las salinas del lago rosa nos dirigimos a un poblado peul. Primer contacto con la gente local. Qué gente más encantadora y hospitalaria.  

Esta gente me sorprende, ya que a pesar de todo, nunca pierden su sonrisa, y me llamó mucho la atención que si ven a un grupo de “toubab” (blancos) saludan, no importa quienes sean, de donde vienen o a donde van, pero es una de las cosas que se quedan grabadas en la mente, la alegría que desprenden. Es gente que a pesar de todo, nunca borran la sonrisa de la boca.  

Paseamos en calesas por la mítica ciudad de Saint Louis. Los pescadores empiezan a descargar y el olor del pescado secando al sol es tremendo, pero nada me importa, todo me maravilla, esto es África. Aquí todo es posible. Proseguimos el camino hacia la Langue de Barbarie, un lugar mágico para desconectar y “perderse” del mundo exterior. Aquí no hay luz, tan solo unos generadores que funcionan apenas 3 horas.  

En este lugar parece que el tiempo se detiene. Hasta una siesta en una hamaca a orillas del río Senegal sienta mejor que en cualquier otro lado. Por la mañana paseamos por la larguísima playa. Cuantas veces habré repetido yo eso de “Esto es vida”.  

A medio camino del desierto de Lompoul, nos detenemos en mitad de la nada a repartir unos regalos que llevamos. La alegría con la que nos recibieron me llegó al corazón. Aquello me emocionó enormemente ya que todos se acercaban a darnos las gracias.  

Ya en el desierto, sientes que el tiempo hace mucho que se detuvo, la única luz que existe es la de unos quinqués que al caer la noche colocan en la entrada de cada haima. La ducha y el baño son muy particulares. Desde el primer momento me supe adaptar, sabía a dónde iba, no buscaba lujos ni comodidades. Pasear por sus dunas me hizo sentir libre como nunca me había sentido.  

Tras la cena, y a pesar de ser época de ramadán, unos músicos se sentaron frente a una hoguera, y a la luz del fuego, se pusieron a tocar los djembes… Aquel momento fue mágico e inolvidable.  

En el gran mercado de Kaolack sorprende el color, el olor, gente por todas partes….Fuera de él, el tráfico y el humo de los vehículos es caótico a la vez que sorprendente. Las motos pasan por nuestro lado como locos, incluso adelantan por la acera!! Esto es una de las cosas que me maravillan de este continente.  

Allí donde iba, me sorprendía lo rápido que se arremolinaban a tu alrededor los niños. ¡¡A pesar de lo poco que tienen se les ve tan felices!! Les damos caramelos y globos y cada vez se unen más a nosotros. Todos piden foto, (y por supuesto verla después), algunos incluso posan. Ellas son tan guapas!!! Es curioso la amabilidad de esta gente. Enseguida te abren la puerta de sus casas y te ofrecen un sitio donde comer.  

Cómo me gustaría poder desconectar del mundo con estos niños un tiempo. Estoy segura que me enseñarían muchas cosas que creo saber y que realmente aprendería a apreciar.  

El campamento de Mako está a orillas del río Gambia. Estamos en mitad de la naturaleza, sin luz, sin agua corriente (las cabañas disponen de ducha pero el agua está turbia). Nos aconsejan dejarla correr un poco pero siento que en un sitio donde escasea el agua, no puedo dejar perderla de esa manera.  

Paseamos a orillas del rio hasta llegar a un poblado. Los niños corren hasta nosotros, y a mí me da la mano una preciosa niña de vestido rosa, a la cual le cogí un cariño tremendo en cuanto la vi. Si podría, me quedaría con ella. No me soltó la mano en ningún momento. Es curioso lo rápido que se encariñan estos niños. Sin duda es uno de los mejores días hasta el momento.  

Me llama mucho la atención que para muchos de estos niños probablemente sea la primera vez que vean a un blanco, por lo que los más pequeñitos, asustados, se echaban a llorar al vernos.  

El País Bassari es un lugar diferente, donde el verde es mucho más abundante, y donde, sin duda, he podido apreciar una de las vistas más bonitas de todo el país. Angels es la típica aldea bassari en donde aún conservan las tradiciones. Sin duda no todo el mundo llega hasta aquí, y eso se nota.  

En el pueblo, de nuevo, los niños nos cogen las manos. Esta vez llevo 2 en cada mano, por lo que me veo obligada a entregar mi cámara a un compañero de viaje porque me faltaban manos. En una época en donde no estaba en mi mejor momento, estos niños, y en general, este viaje, hicieron que remontara, no podía dejar de sonreír. Este viaje fue tal y como lo había soñado siempre.  

Sin duda, la sonrisa de un niño no tiene precio, y a mi estos niños me hacían tan feliz!! La cascada de Dindefelo es un lugar mágico ¡Es tan bonita! En un mes que hace tanto calor como es Agosto, este sitio, en mitad del bosque, y rodeado de naturaleza, tiene su propia temperatura y el agua está más bien fresca.  

Cuando preparaba mi viaje, una de las cosas que más miedo me daba era el tema de la comida. Pensé que incluso pasaría hambre, pero la gastronomía del país me sorprendió muy gratamente. En Senegal la comida es deliciosa, el thiof, el Thiebou Dyenn y por primera vez, pruebo el pez globo! Curiosamente, está exquisito  

En la región de Casamance todo es diferente. Se ven arrozales y a sus gentes trabajando en las plantaciones. Curiosamente, en un país donde más del 80% de la población es musulmana, aquí se ven más iglesias y el número de cristianos aumenta. En el sur, los controles policiales y militares se suceden por cada pueblo por el que pasamos, pero sin ningún tipo de problema.  

Sin duda, aquí se ven cosas tan curiosas que nunca imaginé que vería, pero tal y como he dicho, aquí todo el posible. Ya nada me sorprendía. En cambio, todo me maravillaba  

En la pequeña isla de Carabane se respira paz y tranquilidad. Bien provista de caramelos, recorro la isla repartiendolos a todos los niños que salen a mi encuentro. Estos niños son tan especiales y tan agradecidos… todos piden “tangal” (caramelo en wolof), e incluso alguno me demuestra que con un poco de picardía se consiguen cosas, por lo que me dejo llevar y me recorro la isla corriendo con 2 pequeños detrás en busca de más caramelos. ¡Qué bien me lo pasé aquella tarde! La lluvia nos dio un pequeño respiro, y por fin, pude ver anochecer, a orillas de la playa y con una fabulosa flag en la mano. Aquel momento no lo cambio por nada. Por un momento me olvidé de todo y me dejé llevar. Hacía tanto tiempo que no veía un anochecer así.  

En la mítica isla de Goree, me afloraron todos los sentimientos al visitar la casa de los esclavos y la puerta sin retorno. Se hace tan difícil, después de conocer a sus gentes, tan buenas personas, hacerse a la idea que en un momento del pasado aquí se comerciaba con ellos…  

La última parada es en Toubab Dialaw, un sitio donde cualquier problema se olvida y queda atrás, a orillas del mar y con vistas a Dakar. Un sitio ideal para descansar cuerpo y alma. En este lugar se respira paz. Un lugar perfecto para culminar mi viaje.  

A pesar de recorrer el país de norte a sur, pienso que no he visto todo lo que este país puede ofrecer. Viajé en periodo de ramadán y vi África apagada, sin sus míticas fiestas, músicos en la playa tocando los djembes… Este continente me ha enamorado, me ha cambiado la vida, la forma de pensar. He comprendido que hay gente que sin necesidad de tener internet, teléfonos móviles y en general, todo lo que podemos disponer aquí, son inmensamente más felices de lo que somos nosotros, y eso da que pensar.  

Por todo lo anterior, y por más, que se hace difícil describir con palabras, sé que volveré, siempre llevaré este país en el corazón.

IXONE VEGAS

Información para hacerse socio
Share