De mi primer viaje a Senegal, hace casi un año, me volví con la sensación de que era poco, que necesitaba más tiempo para poder conocerlo un poco mejor, así que me puse a buscar excusas para volver.

Y entre estas excusas lo primero que viene a la cabeza es hacer algún tipo de proyecto, ¡hay tantas cosas que hacen falta! Educación, sanidad, gestión de residuos, mejoras en la agricultura, en los servicios…

Lo siguiente fue pensar qué es lo que soy capaz de hacer yo, y esto ya lo tenía un poco más claro, algo relacionado con el agua. También tenía bastante peso porque cuando pregunté en un pueblo fue lo que me dijeron que hacía falta.

A través de gente que había conocido en el viaje, cuando les hable de mis intenciones de volver, pero haciendo algo, me hablaron de Yakaar África, y me puse en contacto con ellos. Les conté mi idea de hacer un proyecto de abastecimiento y saneamiento y me propusieron la localidad, Cagnout.

Perfecto, mi idea iba tomando forma. Empecé con la búsqueda de información que se puede hacer desde casa y sobre todo de fechas para poder ir a ver la situación real, coger datos, etc… Y en este tiempo y por sorpresa resulta que ATLL CGC SA, la empresa para la que trabajo, decide emprender un programa de voluntariados. ¡No podían cuadrar más las cosas!

Obviamente en cuanto me enteré me puse en contacto con las compañeras que lo gestionaban para contarles mi caso, que ya estaba con este tema en marcha y si podía entrar dentro de los voluntariados que habían planteado. Por supuesto no hubo ningún problema, al contrario, les encantó la idea.

En ese momento ya me puse totalmente manos a la obra, decidí las fechas en las que podía viajar, y el 21 de agosto cogí un vuelo a Dakar. 15 días son muy pocos, pero ya tenía hecho el planning de lo que tenía que hacer, así que iba a tiro fijo.

Al llegar a Dakar me recibió Demba, me buscó alojamiento para esa primera noche y me ayudó con el vuelo para ir a la Casamance. El día 22 ya estaba en Ziguinchor, donde me recibió Papau, me llevó a Oussouye, el pueblo donde me alojaba, y ya se involucró totalmente en mi proyecto. Sin él no habría sido capaz de hacer nada, ¡¡por muy planeado que lo tuviera!!

Cuando paró de llover (agosto es muy mala época para viajar al trópico) y una vez vencidos los nervios iniciales, comenzamos a trabajar, visitando a los jefes del poblado para que nos explicaran las necesidades especiales, la disponibilidad de terrenos, mano de obra, existencia de pozos…

Todos coincidían que el mayor problema es el saneamiento, sobre todo los días que hay alguna fiesta o eventos de lucha senegalesa, porque viene mucha gente de fuera. Actualmente, como no hay letrinas se van al bosque para las necesidades más básicas.

Para saber el número de habitantes actual nos recomendaron ir al ayuntamiento, en Mlomp, pero el secretario no estaba, por suerte en el hospital también tienen el registro. Mientras esperábamos para pedirlo, Papau vio que había un cartelito en el que lo ponía, mi sorpresa al acercarme fue que iba acompañado de un mapa del pueblo, ¡un punto más que me facilitaba el trabajo!

El primer día que fui sola desde Oussouye hasta Cagnoute, por el camino iba pensando que no sabía cómo lo haría para moverme por el pueblo sin perderme, pero por suerte siempre hay solución, y llegando al pueblo con la bici me encontré a Vanesa, una niña del barrio de Ouyoho, que venía de la escuela de verano en Mlomp. Le conté quien era y lo que quería hacer, y le pregunté si me podría ayudar.

Y no solo es que me ayudara, ¡es que me adoptaron como de la familia! Otros días mientras Vanesa estaba en la escuela me ayudaba Rachid, su prima.

Nos recorrimos todo el pueblo, me presentaron a un montón de familias y conseguí que me quedara claro cómo va lo de las casas y los terrenos, bastante importante a la hora de diseñar un proyecto de este tipo.

Sorprende ver cómo la gente se involucra, se ilusionan por un proyecto y tienen ganas de hacer su aportación. Saben que es un beneficio para ellos que tardaría mucho en llegar si dependieran solo de lo que puede hacer su gobierno.

Cuando visitábamos los pozos para ver en qué estado están mucha gente se acercaba para dejarnos el cubo para sacar agua o sencillamente para ver que hacíamos. Y también con esto hubo suerte, a pesar de que algunos de los pozos sean poco profundos y cojan agua superficial (¡y vivan tortugas y lagartos!), hay algunos pozos que cogen el agua de una zona más profunda, por lo que no están contaminados.

Al final, después de haber pasado tiempo con la gente del pueblo, me vuelvo incluso con más ilusión y ganas de ponerme a trabajar en todo lo que me queda por hacer, y con esperanzas de poderlo construir cuanto antes. ¡Ojalá!

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