Impresiones en la tierra del baobab

 

 

 

Isabel y Mimi

 

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Estos últimos años he tenido el placer de conocer inmigrantes senegaleses que me han contado sus experiencias y las costumbres de su país. Esto despertó mi curiosidad por Senegal. Así que en una de las ocasiones en que buscaba por la red, tropecé por casualidad con un vídeo informativo de la ONG YakaarAfrica, en la que explicaban los proyectos que tenían por allí. Inmediatamente ojeé la página de la organización, y sin pensarlo dos veces mandé un mail a José María ofreciendo mis servicios durante el mes de julio. Cuál fue mi sorpresa cuando me contestó diciendo que estaba interesado.

Más adelante cuando tuvimos una entrevista me preguntó por mis razones, por qué deseaba realizar esta colaboración. Lo cierto es que siempre había anhelado dedicarme de algún modo a ayudar a los demás, por sentirme útil, pero la razón principal es que llevo unos años con la sensación de vivir una mentira. No es fácil de explicar, soy una mujer afortunada, con un trabajo que me gusta, buena salud yo y los míos, pero me doy cuenta de que por más que intentes no contagiarte, es difícil no impregnarse de los males de esta sociedad: la obsesión por el tiempo, las ansias de llenar nuestras vidas con posesiones que nos hacen creer que son las únicas que nos harán felices, el individualismo típico de las grandes ciudades. Y lo que más me duele es que veo que mis hijas se están impregnando de todo ello. Por esto quise irme lejos de aquí, descubrir otra forma de vivir.

La verdad es que desde el principio todo salió rodado. Y aunque los que me rodeaban me preguntaban si no me daba miedo irme sola a un lugar alejado, donde no podía tener controlada la situación, sino que dependía totalmente de gente para mí desconocida, me eché al ruedo con los ojos cerrados, con absoluta certeza de que todo saldría bien. Mi intuición no me engañó, y desde el primer momento, aunque lo miraba todo con los ojos bien abiertos para no perder detalle, me sentía en mi casa. Lo que menos me gustó fue la ciudad de Dakar, donde veo que mucha gente sobrevive como puede, es sucia en comparación a nuestras ciudades y con mucha polución. Pero me sentí enseguida arropada por Demba y Ambroise, que me esperaron en el aeropuerto.

Lo que más temía era el viaje desde Dakar hasta Kedougou, ya que 12 horas me parecían un suicidio. Pero me sorprendí a mi misma por la enorme filosofía africana con la que aterricé por estas tierras, muuuucha paciencia. Al poco tiempo comenzó a llover de forma torrencial, y por el costado izquierdo del autobús, pensé:” seguro que no funcionan los limpia parabrisas” pero sí. Lo que no había era cristal en la ventanilla del conductor, así que tuvo que para par ponerse un impermeable amarillo con gorro estilo marinero Pescanova, ya no parecía un autobús sino un barco, entraba agua a raudales y necesitaba que el copiloto le limpiase el cristal por dentro. En fin, anécdotas como aquellas, siempre ocurren cuando viajas por allí.

Las personas a las que he conocido me han tratado como uno más de su familia. Incluso aquellos que no me conocían cuidaban de mí: “Oh! Pobre toubab, está más perdida…”. En fin qué puedo decir sino elogiar a esta gente que me ha tratado de forma inmejorable. Y aunque no se debe generalizar, me parece que aquí todavía conservan lo que hemos perdido a cambio del “progreso”. El tiempo parece no transcurrir, la gente se preocupa por el prójimo y saben compartir. He visto cómo los niños comparten sin esperar a que un adulto ni nadie se lo recuerden. Y además tenemos un sentido del humor muy parecido, así que ¡¡por fin encontré quien entendía mis bromas!!

Me parece que todo está por hacer en la de región Kedougou, lo que es beneficioso para aquellos que sean emprendedores. Pero necesitas un mínimo de capital o formación para poder comenzar cualquier actividad y ahí entra nuestra asociación. Por eso muchos se sienten frustrados e impotentes cuando no pueden hacer gran cosa que cambie su situación, por falta de medios.

La gente de allí parece muy alegre. Casi todos se pasean con móviles donde llevan la música de moda, que es muy pegadiza, y hace que se te mueva el esqueleto aunque tú no quieras. Por ejemplo Alphadio Dara (http://www.youtube.com/watch?v=t4fixY3te8o). Ya me diréis si no se os mueve el cuerpo! La pena es que estuve en plena celebración del ramadán y por respeto no podíamos bailar. Espero poder hacerlo la próxima vez que vaya… porque lo que es seguro es que yo vuelvo ¡inch alá!

Isabel Ramos

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