<Maria Lejarza en Senegal 1

Maria Lejarza en Senegal 2

Maria Lejarza en Senegal 3  

 

Aunque este no era mi primer viaje a Senegal, voy casi cada año ya que allí está la mitad de mi familia y ya conocía de sobra la “teranga” (hospitalidad senegalesa), sí ha sido mi primer viaje con mis amigos y sus hijos y de la mano de Ambrosio y Dauda, ambos comprometidos con la labor de Yakaar África.  

Nuestro viaje ha sido intenso, saboreado cada minuto y lleno de sorpresas y detalles especiales. El calor de su gente, la alegría que nos han trasmitido es muy difícil de explicar con unas pocas palabras….En cada comunidad que hemos visitado, hemos recibido el regalo de su cariño. Un especial recuerdo a los Beddick que nos relataron su historia en su pequeño pueblo de cabañas aislado del mundo, donde la rapidez e inmediatez con la que vivimos pierde sentido.  

El dispensario de Bandafassi con sólo un enfermero y una comadrona que atendían a más de 4.000 personas diseminadas en cientos de kilómetros y alrededor de 300 partos al año. Todas esas mujeres coraje que se agrupan en cooperativas y sacan adelante a sus familias…  

Aprendimos a sacar, con la bomba, el agua de donde se llenaban nuestros cubos de ducha y como se puede disfrutar con un mínimo de comodidades pero con el calor y apoyo de tu comunidad, una forma de vida, en vías de extinción en nuestra sociedad individualista.  

Cada detalle era un regalo, agua caliente, patatas fritas para cenar en Noche Vieja,… Nuestros niños han vivido una experiencia intensa que estoy seguro que les habrá cambiado tanto como a nosotros.  

El incansable Ambroise nos ha llevado hasta Dindefelo, subido el monte Iwol, y lo más bonito y que atesoramos en nuestros corazones como un íntimo regalo, nos ha llevado a su casa y hemos conocido a su preciosa familia.  

Y Dauda que ha conducido 2.000 km para llevar a los toubabs hasta el rincón más recóndito, hermoso y lleno de amabilidad de nuestro Senegal querido, aguantando nuestro veo-veo y canciones de viaje a pleno pulmón.  

Los dos nos enseñaron a cantar el Fatou-yo, que aún seguimos tatareando cuando estamos juntos como un pequeño secreto.  

Estoy segura, y hablo por todo el grupo, que este viaje nos ha cambiado profundamente y queremos recomendarlo a todas las personas que puedan hacerlo y llevar a sus familias y amigos para que vivan esta maravillosa experiencia que por otro lado revertirá en esas comunidades que nos necesitan tanto como nosotros a ellos. Gracias a todos los que lo han hecho posible.  

Maria Lejarza  

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