Esta oportunidad se ha convertido en una auténtica lección de vida…

 

 

Enamorados de la teranga 1

Enamorados de la teranga 2

Enamorados de la teranga 3

Enamorados de la teranga 4

Enamorados de la teranga 5

Enamorados de la teranga 6

Enamorados de la teranga 7 

 

Cuando Ambrosio nos dió la bienvenida al país de la HOSPITALIDAD no sabíamos lo que eso iba a significar para nosotros dos semanas después. Nunca en ningún otro sitio, en ninguna otra parte del mundo, hemos encontrado personas de tan alta calidad humana como en Senegal. Estos 13 días por el país no los vamos a olvidar nunca y esperamos que sean los primeros de muchos a lo largo de nuestra vida.  

Comenzamos nuestra ruta rumbo a Kaolak, parando en el lago rosa, rodeado de kilos y kilos de sal, y visitando las dunas del París Dakar. Por la tarde visitamos el segundo mercado más grande de África y vimos la puesta de sol mirando al lago salado Kaolak. Aún no lo sabíamos pero, al día siguiente, nuestro viaje empezaba realmente.  

El destino del segundo día fue el campamento solidario de Mako. De camino hacia allí nuestro guía, y ahora ya amigo, Vieux, paró en un poblado (el primero de todos los que visitamos) en donde nos recibieron con los brazos abiertos, nos abrieron las puertas de sus casas y los niños nos rodearon y nos dieron la mano con una inocencia y unas sonrisas que hoy en día son difíciles de encontrar…  

El objetivo principal de nuestro viaje era llevar hasta Bandafassi el material escolar, la ropa y las medicinas que nuestra familias y amigos nos llevaron a la boda (no lo hemos contado hasta ahora pero toda esta aventura ha sido nuestro viaje de novios.)  

En Bandafassi nos alojamos en la cabaña de Yakaar, que está estupenda. Por cierto, el huésped anterior se dejó un montón de calcetines colgados en una cuerda. Ya está instalado el depósito de agua pero, según nos explicó Ambrosio, el fontanero en un alarde de creatividad, puso la tubería con forma de “u” de tal forma que la ducha no tiene presión y no sale el agua. Sin embargo el lavabo funciona muy bien.  

Al ser época de lluvia la huerta estaba parada. Nos dijeron que ya estaba totalmente vallada y que ahora están comenzando una segunda huerta para la que les vendría bien más semillas. Ahora mismo nos dijeron que necesitaban insecticidas y nos comentaron que tenían problemas con la cañería porque los animales las rompían. Tienen que encontrar un modo de protegerla para que no puedan pisarlas o morderlas.  

Tuvimos la suerte de pasar la noche en Bandafassi justo el día anterior a una boda. Fueron muy amables con nosotros y nos invitaron a su fiesta. ¡Qué divertido y cuántos bailes! Parece mentira cómo bailan de bien con los niños atados a la espalda.  

Pero lo que de verdad nos llamó la atención en Bandafassi fue lo bien organizado y coordinado que tenéis los proyectos en Yakaar. Como os comentábamos antes, en una de las bolsas llevábamos medicinas que debíamos dejar en la cabaña hasta que en septiembre fuera la caravana médica. Sin em-bargo, al llegar, preguntamos si la enfermera podía necesitar algo de ibuprofeno y paracetamol hasta entonces. Quisimos darles algunos medicamentos y nos dijeron que esa decisión debía tomarla en asamblea. Nos quedamos impresionados.  

Tanto en Bandafassi, como en Dindefelo y los demás poblados nos preguntaron por muchos de los que ya habéis estado con ellos por allí. Todos os tienen un cariño enorme.  

En Dindefelo, además de visitar las huertas, tuvimos el privilegio de comer un arroz riquísimo hecho con verduras de una de ellas. Todas, excepto una, estaban en reposo hasta el fin de la época de lluvias. En general están contentos, aunque nos comentaron, en la que está justamente en Dindefelo, que necesitarían una casetilla para poder dejar las herramientas y protegerse un poco de sol cuando descansan.  

Si bien cuando llegamos a Bandafassi el espíritu era festivo, al llegar a Baficán la situación era muy distinta. Un amigo del poblado de al lado había fallecido la noche anterior y estaban todos de duelo. Aún así, y a pesar de las circunstancias, estuvieron muy contentos de recibirnos. Nos enseñaron el centro de transformación de frutas y el taller de costura. Tienen puesto un cartel de Yakaar y un montón de fotos con varios de vosotros nada más entrar. En particular nos preguntaron mucho por Paula, una de vuestras voluntarias que por lo que nos contaron se puso enferma y se tuvo que ir antes de tiempo.  

Basta un minuto hablando con ellos para ver que os están muy agradecidos y que se sienten muy orgullosos de pertenecer a Yakaar. La buena noticia, que en los próximos días va a llegar a Baficán, es que Demba y Ambrosio les están gestionando justo lo que nos dijeron que más necesitaban: un frigorífico. Quieren poder conservar mejor los zumos y las mermeladas y comprar bebidas para que los viajeros puedan hacer un alto en su camino y tomar algo frío.  

En el taller de costura vimos los últimos vestidos que habían hecho (muy bonitos, la verdad) y nos comentaron que quizá necesitarían que alguien fuera a enseñarles un poco más. La responsable del taller es sólo una chica y dice, además, que le faltan algunos conocimientos.  

Al salir de Baficán continuamos nuestro viaje hasta la isla de Carabane. ¡Qué maravilla! El proyecto de limpieza que habéis hecho allí es impresionante. Estuvimos con Cecilia, la responsable de la maternidad que nos encargó que os enviáramos muchos recuerdos de su parte. Además de alguna medicina que les hace falta, nos llevaron a ver la bomba de agua. Al estar a ras de suelo y sin proteger se daña bastante. Nos comentó que necesitarían algo para taparlo y protegerlo. Después de visitar la isla, no sin antes hacer la parada obligatoria en Paco Carabane, comenzamos nuestro viaje de vuelta de Dakar.  

Desde entonces sólo han pasado tres semanas y no hay día en que no hablemos del viaje, en que no nos acordemos de todos ellos.  

Queremos daros la enhorabuena a todos los que formáis parte de Yakaar. Tenéis un proyecto maravilloso y emocionante que ayuda a muchas familias y os estamos muy agradecidos por darnos esta oportunidad, que se ha convertido en una auténtica lección de vida.  

Paula Lafora y Arturo Merelo

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