Stella descubre África  

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Viaje Ramon Senegal  

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Me desperté un día y descubrí que estaba en “África”, con sus olores, sus colores, su amable gente, su ruido, su desorden, su caos, todo era África…La tierra roja, el color verde intenso, la frondosidad de los bosques..,los niños corriendo por todas partes.., en caminos, en pueblos, en escuelas, en callejuelas, ese olor a tierra, a aire…estaba en Senegal.  

¡Ah¡ mi nombre es Stella González Salgado, nací en Ourense, soy funcionaria de Justicia, y hace ya muchos años que quería viajar a Senegal, doy las gracias de antemano a Yakaar Africa y sobre todo a la gente que ha vivido esta experiencia conmigo y que más adelante relataré.  

Hace ya mucho tiempo, empecé a oír a mi amiga Carmen Gutiérrez hablar de su experiencia en Senegal, se le iluminaba la cara… era como si le cambiara la mirada … fue algo contagioso y dije: “África tiene que ser algo muy especial”. Después de mucho pensarlo y de viajar a otros innumerables lugares, me decidí y pensé… ¡es hora de cumplir un sueño¡…y decidí viajar con ella a Senegal. Es difícil resumir la experiencia vivida y aun más plasmar los sentimientos y sensaciones, pero lo intentaré…  

Viajar por Senegal es descubrir el África negra, es un país de playas extensas, frondosos bosques, colores y olores por todas partes, el lugar de la teranga, donde lo mejor es convivir con su gente y disfrutar de todo lo que te rodea. Hay lugares de belleza inigualable, da igual Pais Basari, Casamance, los parques naturales, sus ríos , es algo difícil de olvidar. Es el país de la “teranga” que significa bienvenidos u hospitalidad en lengua wolof, un sentimiento que te acompaña desde que llegas hasta que te vas, no olvidaré nunca la hospitalidad de su gente y el haber entrado en contacto con el África más profunda.  

Me sorprendieron sus paisajes fértiles, su exuberante vegetación y su fauna tremendamente diversa, todo ello unido a la posibilidad de profundizar con etnias diferentes, e indígenas de arraigadas costumbres, que te ofrecen una clase magistral sobre la cultura africana occidental.  

Viajamos (Carmen, Alicia y yo) el 24 de octubre de 2013, llegamos a Dakar de noche, allí en el aeropuerto nos esperaba… Demba.. “un sol” como yo le llamo y Chek al que conocí poco, pero que me pareció una persona encantadora y con una alegría innata.  

A Demba ya lo había conocido en Vigo hace meses y me pareció una persona especial, un ser entrañable y encantador.  

Dormimos esa noche en Dakar, me impresiono y desconcertó el caos que reina en la ciudad, la gente, el tráfico, el ruido, los niños de la calle, también la miseria y la pobreza… en general todo. Dakar es una ciudad caótica pero con un colorido excepcional.  

Al día siguiente nos fuimos con Demba a Berr y pude comprobar al amanecer los colores del paisaje, los árboles, la gente, la ropa, el color, todo era color, fueron tres las cosas que más me impresionaron en este viaje: “el color”, “ la teranga” y la “pobreza”, dejo al final lo malo porque soy demasiado optimista como para hablar solo de eso, pero os lo podréis imaginar..  

Al llegar a Berr ya nos esperaban en la maternidad, la matrona y los representantes locales, las reuniones en Senegal son larguíiisimas, pero siempre llegan a un acuerdo, nos expusieron claramente sus necesidades ya que a primera vista compruebas que la gente o no tiene nada o tiene muy poco. Allí tuvimos la oportunidad de ver a un bebe que acababa de nacer, ¡un regalo extraordinario¡.  

De regreso a Dakar nos metimos en el caótico tráfico de la ciudad, en su ambiente, su atardecer, y al anochecer cogimos un autobus hacia Kedougou… (lo recomiendo, no pegamos ojo, pero nos reímos un montón…) Llegamos a Kedougou por la mañana, allí nos esperaba Aruna de Ibel que estuvo con nosotras dos días junto con Aliu y Aruna de Bandafassi.  

Llegar a Bandafassi me enmudeció, un poblado al pie de las montañas, esas montañas de una vegetación verde salvaje que te deja con la mirada fija, como atónita, los niños corriendo para recibirnos, la novedad del pueblo, todos querían ver quiénes y como éramos. Me llamo la atención el entusiasmo de los niños, corriendo y agarrándonos de las manos, mirándonos con curiosidad, su sonrisa, su vitalidad, su cariño.  

En ese maravilloso pueblo estuvimos seis días de aquí para allá, en “moto” por todos las aldeas de los alrededores..Dande, Dindefello, Nathia, Boundikoundy, Thiabedji, Lougue, Iwol…etc. Fueron unos días agotadores viendo huertas, granjas, pozos de agua, centros de salud, escuchando las necesidades de la gente. Pero el agotamiento compensaba al haber conocido a gente tan maravillosa como conocimos.  

Ni las fotos, ni todo lo que pueda contaros conseguirán plasmar las sensaciones y sentimientos que he experimentado, sobre todo al descubrir la miseria, la pobreza y escasez de casi todo, y a pesar de que algunos momentos vividos fueron muy duros, se te olvidaban con la alegría y la amabilidad de la gente y de los niños.  

Normalmente nos despertábamos muy temprano para ir a por agua al pozo (toda una aventura porque tenía más fuerza un niño de 6 años que nosotras), después de ducharnos (a calderos, toda una experiencia), recorríamos poblados, adentrándonos en su bullicio, en su día a día, con su gente, trabajando, metiéndonos en su espacio.  

Formamos por unos días parte de sus vidas, de sus mercados, de sus fiestas y eventos, de sus reuniones.  

Me impresionó lo que Yakaar África ha conseguido en esos pueblos, no puedo entender como con tan poco dinero se puede conseguir tanto, la verdad quiero desde aquí dar la enhorabuena a todos ellos por hacer la vida más fácil a esa gente que no tiene nada… y mi agradecimiento a los chicos que nos acompañaron Aruna de Ibel, Aliu, Aruna de Bandafassi, Seidu de Ibel,… ¡unos crack de la supervivencia¡ y también a Irene una voluntaria que nos encontramos en el poblado. Nos reímos mucho con ellos en las motos y no nos dejaron ni un solo momento solas.  

El día uno de noviembre partimos hacia Casamance, la tropical Casamance como decía yo.. después de dos días de calor y aventuras varias en las que conocimos a muchas gente (incluidos a varios españoles), llegamos por fin a Ziguinchor…(si conoceis la carretera entenderéis el ¡por fin¡). La ciudad también caótica donde las haya, es una ciudad más abierta, con una luz especial, la atraviesa el rio Casamance (un caudaloso y extenso río navegable, lleno de vida), la llegada de los pescadores es digna de ver, por su colorido, su gente y la variedad de especies; así como el mercado de los artistas y otras muchas cosas que tiene la ciudad.  

En Ziguinchor nos encontramos a Papo otro amigo que nos envio Demba como los chicos de Bandafassi… nuestro “Dembita” nos cuidó desde el primer día, no nos dejaba solas ni a sol ni a sombra .. siempre enviaba a alguien a buscarnos…  

De Ziguinchor fuimos a Ossuye un pueblo lleno de vida donde hay un ciber café de Yakaar y pasando por Bafikane compramos mermeladas y maravillosos batiks. Para finalmente acabar en barco hacia la tropical isla de Carabane, preciosa y auténtica isla. Allí pudimos descansar y relajarnos, es una isla llena de palmeras, con extensos arrozales, donde el tiempo parece haberse detenido y el silencio es lo que más llama la atención, la calma, la paz. Destacar la gran labor de las dos matronas que están en el centro de salud, increíble lo que hacen esas mujeres, ellas solas se ocupan de todo, dan de comer a los enfermos, hacen la comida, desbrozan hierba de los alrededores del centro para limpiarlo, son unas todoterreno impresionantes…  

Un día después llegamos a Mbur donde estuvimos conviviendo con una familia senegalesa, fueron amabilísimos y nos reímos mucho hablando de las tan dispares costumbres de nuestros países, de nuestra diferente vida, de nuestra forma de pensar y de la suya, era como la confrontación de dos mundos.  

Al salir de Mbur estuvimos comiendo con la familia de Ambrosio y con Doba, dos amigos de Yakaar, mi agradecimiento a ellos por su gran cordialidad y su amabilidad, pasamos un día inolvidable, y al final acabamos con nuestro gran amigo Demba, viajando hacia Dakar con un libanés muy gracioso que nos recogió en la carretera (pero esa es otra historia).  

Al llegar a Dakar volvió el caos, el ruido, pero lo más maravilloso al volver, fue descubrir la isla de Gorée, la isla de los esclavos, donde se mezcla la belleza de la isla con sus preciosas casas; con la terrible historia de esclavitud vivida hace siglos allí, se te ponen los pelos de punta de solo pensar los esclavos que salieron de aquel lugar, las condiciones en las que iban y cual era la vida que les esperaba. Es bueno recordar la historia para que hechos así jamás se vuelvan a repetir.  

Acabando mi relato, no quiero más que dar las ¡gracias¡. Mi gratitud a la vida por haberme brindado la oportunidad de conocer a esos niños, a esa gente y ese país, de demostrarme que existe otro mundo aparte del nuestro, aparte del que vemos todos los días.  

Mi gratitud a todos los que han vivido conmigo esos días y que me han hecho la estancia increíble, por transportarme a otro mundo y a otra época, por hacerme participe de sus vidas y de sus sentimientos y sobre todo mi gratitud a toda esa gente que no he nombrado y que estáis ahí, siento no haber nombrado a todos, pero sino este relato sería interminable…¡gracias a todos¡.Y sobre todo mi gratitud a Yakaar África, a Demba y a mi amiga Carmen, gracias a todos por haber llegado un día a mi vida. ¡UN BICO¡ (besos en gallego), ¡hasta la próxima¡  

Volveré muy pronto.  

STELLA GONZALEZ


Stella descubre África con la ONG Yakaar Africa en Senegal

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