Demba, Doba y Jose en el Retiro  

Demba en Toledo

 

 

Ha sido entrañable teneros en España durante un mes, un mes que se ha pasado como un suspiro y que nos ha sabido a poco. Como siempre vuestra contribución a la causa YAKAAR ha sido total, de una generosidad sin límites. Habéis recorrido media España, desde Gerona a Málaga en recorridos muchas veces extenuantes, pero siempre con la sonrisa y la alegría como bandera. Luchando por lo vuestro, pero luchando siempre, además, por YAKAAR.  

Espero que no se me ponga celoso Demba, sin cuya inspiración y trabajo constante esta asociación no existiría, pero este año la estrella ha sido Doba. Su sencillez y su inocencia nos ha cautivado. Era tu primera vez en España y se ha notado: todas las desgracias te han caído. Primero en el aeropuerto de Dakar la policía senegalesa no te dejaba pasar, te debieron ver la cara de inocente y querían sacar tajada, menos mal que Demba, siempre al quite, les plantó cara e hizo valer el visado que llevabas.  

Luego en el mostrador de Iberia te exigían la tarjeta con la que te habíamos sacado el billete desde España. Nuevos nervios hasta que telefónicamente pudimos demostrar al personal de tierra de Iberia que todo estaba en orden.  

Ya en Madrid una señora te agarraba la mano y la comparaba con la suya para decirte que era una mano demasiado fina para trabajar, que seguro que venías a España a pedir, para quitarle el pan a los de aquí, ¡pobrecilla! ¿sabrá lo que es África? De nuevo Demba al quite te recomendó que no respondieras a ninguna provocación. Tampoco era muy necesario, entre el susto que llevabas en el cuerpo y tu natural tranquilo…  

Te sorprendías con todo. Recuerdo cuando en nuestro primer paseo, al entrar en el Retiro, te quedaste extasiado mirando a la torre de Valencia. Ahí me di cuenta de que nuestros intereses no coinciden exactamente. Nosotros estamos hartos de los edificios altos, de las ciudades modernas, pero para ti todo eso es símbolo de un progreso por el que luchas con todas tus fuerzas y que cada vez parece alejarse un poquito más. También me contaba Demba que en esas largas travesías en autobús, donde veíais las carreteras españolas que subían y bajaban por las montañas, te asombrabas de “lo que han trabajado los toubabs (hombres blancos)!”.  

Pero lo que nos dejó boquiabiertos fue tu capacidad para hablar en público. Todos conocemos la habilidad de Demba y sus dotes de orador, que yo mismo envidio, pero no nos podíamos imaginar que ese chico tímido con unos estudios justitos y un español justito, que con cara asustada me pedía un cuaderno para preparar su intervención junto al maestro Demba, fuera capaz de hacer un discurso, tan claro, tan directo, tan bien construido, ante una audiencia estudiada e ilustrada y que todos acabáramos entregados a tu sencillez y a tu bienhacer.  

Hemos intentado mimaros. Yo, con esa extraña manía que tenemos los toubabs de pensar que lo que nos gusta a nosotros os tiene que gustar a vosotros, no he parado hasta que casi te obligo a tirarte a la piscina y a tomar un poco el sol, ¡El guía turístico turisteando!  

Para finalizar, debo reconocer que me gustaba cuando, después de tus recorridos por España, de la mano de Demba, te “agarrabas” a “tu camita” en mi casa y decías que te sentías seguro. Puedes sentirte seguro, mientras vivamos en mi casa y en mi familia siempre habrá “una camita” para vosotros  

José María Piñero  

 

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