Dedicado a todas las mujeres africanas

 

 

mujer con niño

Tras dormir debajo de una ligera manta, muy bien, tras el pesado viaje del día anterior, decidí levantarme tarde y no desayunar.  

Una vez despertada entre el silencio, tan solo iba a beber un té verde mientras observaba la intensidad azul del Océano Atlántico. Coloqué un cojín en el asiento bajo de mimbre de la esquina y me acoplé, levemente recostada. Acerqué la mesilla oscura del otro lado de la cama para dejar la taza y abrí la puerta de la terraza para escuchar el repetido rugido de las olas.  

Cuando los posos se quedaron secos me vestí con una falda amarilla y negra y aquella camisa verde que me regalaron hace años y me dirigí a la calle.  

Caminé tranquilamente por las calles de arena hasta la casa de mi amiga, la que se vino desde nuestra aldea hace años siguiendo a su marido, donde comimos arroz con pescado. A pesar de no tener ganas, una vez comidos, nos echamos una pequeña siesta.  

Por la tarde estuvimos hablando, jugué un rato con sus hijos y, después de un buen rato, cuando se aplacaba el calor, me dirigí al mercado a comprar un poco de gel y una bolsa de cayena que me había pedido mi madre.  

Estando en el mercado me detuve en un puesto pequeño, regentado por un anciano, que vendía bisutería de colores. Tras comentar lo divino y lo humano y, a pesar de no comprar nada, tomamos un té, tranquilamente, y proseguí mi camino. Era la primera vez que salía de mi aldea y las distancias me parecían enormes. Dudé tanto en aceptar la invitación que todo tenía un aire de irrealidad.  

Llegué a la casa de mi anfitrión, cené un poco de arroz con salsa de cacahuete y me senté, otra vez, delante del mar de Mbour, ya con un poncho sobre los hombros para abrigarme.  

Comprobé que no tenía llamadas en el móvil y esperé a que llegara el sueño. Ya en la cama, relajada, me pregunte a mi misma: ¿Que voy a hacer mañana?  

Me llamo Aminata, tengo 30 años hoy es el primer día de mi vida que me lo pregunto.  

Dedicado a todas las mujeres africanas que nunca tienen tiempo  

Alvaro Moral Alonsoo

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