¿Cuantas muertes perfectamente evitables ocurren?

 

niño desnutrido

Medico con niño desnutrido

Madre con niño desnutrido

eqipo sanitario

Abril 2012

 

Una de las experiencias mas duras de nuestra reciente misión sanitaria ha sido el tratamiento de los tres casos de especial gravedad que nos hemos encontrado en la primera parte de la misión en el País Bassari. El primer caso era el de una niña afectada de una meningitis complicada con malaria. Después de tratarla con los medios de los que disponíamos, me encargué personalmente de acercarla al hospital de Kedougou, aprovechando una vista que teníamos programada con el Director de dicho hospital para contarle el objetivo de nuestra misión.  

Al llegar dejamos a la niña en manos de los servicios de urgencia, interesándose personalmente el Director de hospital en el caso. Le dimos una pequeña cantidad a la familia para que pudiera pagar los gastos de entrada en el hospital y como ayuda para su estancia en Kedougou.  

Por la tarde se nos presentó otro caso de especial gravedad, en este caso una desnutrición severa en un niño que era pura piel y huesos. De nuevo tratamos al niño con lo que llevábamos y organizamos el traslado del niño y la madre al hospital en una ambulancia local. Advertido por el enfermero de que la familia era de una extraordinaria pobreza le dimos también una cantidad de dinero, en esta ocasión más importante.  

Nuestra decepción fue cuando al día siguiente fuimos a dar una vuelta por Kedougou y aprovechamos para ver como andaban los niños. Allí nos encontramos con la desagradable sorpresa de que ambos estaban prácticamente abandonados a su suerte, en este caso, a lo que sería una muerte segura. La razón era que las dos familias carecían de medios para comprar la medicación necesaria para el tratamiento de los niños y sin dicha medicación el hospital no proporciona ningún tratamiento. La primera familia porque el dinero que les habíamos dado no llegaba para ello y la segunda, porque la mayor parte del mismo la había tenido que dar para pagar la ambulancia que nosotros pensamos que era gratis. Lógicamente nos dirigimos a la farmacia para comprar la medicación necesaria y la llevamos al hospital para que pudieran tener el adecuado tratamiento.  

Nosotros habíamos contado ingenuamente con una atención hospitalaria a la europea y que una vez que los niños entraban en el hospital ya todo estaba resuelto. Sin embargo la realidad en África no es ni mucho menos así, los hospitales no tienen prácticamente ningún tipo de medios y si los pacientes no pueden pagarse el tratamiento no hay nada que hacer.  

Al día siguiente en Dindefelo se nos presentó un nuevo caso de desnutrición severa. En esta ocasión ya estábamos más preparados, sabíamos de que iba el asunto. Así que aguantamos al niño los dos días que estuvimos en Dindefelo con nosotros proporcionándole nuestros mejores cuidados, y cuando nos marchamos pagamos un sept places para su traslado y le dimos dinero a la madre para pagar la medicación.  

El coste final de los tres casos ascendió a la astronómica cifra de 90.000 CFA, o sea unos 135 euros, o sea unos 45 euros por niño. ¿Es ésto lo que cuesta salvar una vida en África?  

Pero quizás esa pregunta tan dura, en el sentido de que esos 45 euros nosotros los malgastamos casi todos los días, no es la peor. Hay otras: Si en apenas 4 días de nuestra misión sanitaria hemos detectado 3 casos de muerte segura, no podemos confiar en que haya sido una casualidad, entonces: ¿Qué pasa los otros 361 días del año?¿Cuantas muertes perfectamente evitables ocurren?¿Cuantas en lugares que todavía están mucho peor organizados y con menos medios que el extremo sureste del Senegal?….No sé si queremos saber la respuesta.

Jose Maria Piñero

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