Mouna Sikabi voluntario

Partimos un 13 de julio desde Las Palmas hacia Dakar, con la mochila cargada de ilusiones y muchas ideas en la cabeza. Tras dos horas de vuelo llegamos al caos de Dakar, donde todo fue más fácil gracias a la inseparable compañía de Demba.

Nuestro voluntariado se iba a desarrollar en dos zonas, Bandafassi, País Bassari y Oussouye, en Cassamance. Llevábamos dos objetivos principales a cumplir, aunque sabíamos que sobre el terreno aparecerían otros, incluso más interesantes. Por un lado queríamos estudiar la viabilidad de la construcción de letrinas, recabando datos para la elaboración de un proyecto técnico que permita realizarlas de una manera sencilla y homogénea y de la forma más económica posible y por otro lado realizar diferentes actividades lúdicas y formativas con los niños, como talleres de pintura, español, Capoeira.

Tras realizar algunas compras básicas en Dakar, partimos hacia el primero de nuestros destinos, Bandafassi, una zona del interior de Senegal, casi haciendo frontera con Guinea Conakri. Lo primero que nos llamó la atención de esta zona fue la amabilidad y sencillez de sus gentes.

Ya sobre el terreno nos pusimos manos a la obra, comprobamos el abandono de las letrinas del poblado, y nos dimos cuenta de la problemática de la basura, sobre todo los plásticos, por lo que pusimos en marcha una campaña de limpieza del poblado y nos vino en mente la necesidad de construir un vertedero donde depositar la basura y que permita su incineración.

Con los niños de Bandafassi, disfrutamos muchísimo: dibujando, haciendo Capoeira, carreras de sacos y corriendo. Corriendo como gacelas, no había quien alcanzase a las niñas, se nota que están llamadas a ser el motor y el timón del cambio que impulse a Senegal hacia adelante.

Ablaei, niño sordo de la aldea de Bandafassi, no acude al colegio por su problema. Con la sonrisa y la mirada es capaz de hacerse entender con cualquiera. Se merece una oportunidad de llevar una vida como los demás niños, aprendiendo todo lo que se aprende en un colegio y la educación es uno de los pilares básicos en una sociedad y no debe de ser restringida a nadie por su condición.

Tras dos semanas en Bandafassi, decidimos partir hacia nuestro siguiente destino, Oussouye, en la zona de Cassamance. Nos habían dicho que esa zona era muy verde, con una vegetación exuberante, que veríamos manglares y unas playas vírgenes interminables.

Llegados a Oussouye, visitamos la huerta y la cooperativa de mermeladas y zumos “Jinaben” y “Afeo”, ambas gestionadas por mujeres. ¡Qué delicia tomarse un zumo refrescante de bissap tras una jornada calurosa!

Continuamos con el estudio de viabilidad. Comenzamos a preguntar e investigar el coste de los diferentes materiales necesario de cara a la redacción del proyecto.

Visitando zonas de cultivo en diferentes partes de Senegal, se puede observar la deforestación y el impacto derivado de unas malas prácticas agrícolas. Las zonas de cultivos son zonas de bosque donde se corta a matarrasa, se quema y luego se siembra, para tras dos o tres años de cultivos, agotando el suelo abandonar ese lugar y desplazarse al adyacente.

Reflexionando un poco llegamos a la conclusión de que quizás con una buena formación técnica, rotación de cultivos y abonado químico y aportes de materia orgánica al suelo que mejoren su estructura este problema se podría solucionar, evitando la deforestación y la consiguiente pérdida de hábitats para las especies y consecuentemente de biodiversidad.

Seguimos con las actividades lúdicas con los niños. Participamos con una asociación local, durante dos semanas, con talleres de Capoeira. Al final del mismo hubo una exhibición con los padres de los niños como público. Fue increíble verles disfrutar mientras hacían piruetas increíbles. Las caras de sus padres eran de orgullo y de felicidad.

Cuando teníamos algún hueco libre acudíamos a un orfanato a jugar y dibujar con los niños, cuanto cariño nos hacían sentir con sus miradas y abrazos sinceros, volvería mil y una vez a estar con ellos, los recuerdo y extraño mucho estar con ellos, la infancia es una joya toda sociedad debe protegerla mimarla y ofrecerle todas las oportunidades que se merecen.

Nos vamos con un sabor agridulce: por un lado satisfacción por haber aportado un granito de arena, sintiendo el cariño y las sonrisas de los niños y por otro, cierta tristeza, con la sensación de que queda mucho por hacer.

Mouna Sikabi  

 

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