Irene en Bandafassi 1  

Irene en Bandafassi 2  

Irene en Bandafassi 3

Me gustaría compartir con vosotros la experiencia más intensa de mi vida. Aquí os dejo una pequeña memoria de experiencias de mi viaje a África, el país de la hospitalidad, o país teranga como dicen por aquí.  

Mi llegada a Dakar fue un poco desconcertante entre tanto ruido y tanta gente. Me esperaba una amiga en el aeropuerto de Dakar. Fuimos a su casa al ruidoso barrio de Gran Yoff, donde compartíamos todo con el edificio.  

Quedaban pocos días para que empezara la esperada fiesta de tabaski (fiesta del cordero), en la locura del mercado entre la música mbalax a todo volumen y los corderos por todas partes corriendo entre los coches y los puestos de comida, intentábamos buscar los preparativos para la fiesta.  

Ese mismo día cogíamos el autobús a la noche para la ciudad polvorienta y sofocante de Tambacounda, la puerta de entrada al esperado País Bassari. Me despertó el bullicio de la gente con los preparativos, la música y los gritos de los corderos. Un buen desayuno, el vestido para la ocasión, y el sacrificio de los corderos, mirando a la meca, cuchillo en mano y a rezar. Desde bien temprano la gente venía a visitarnos, y pasábamos el día comiendo y bailando, un té para reposar y a volver a empezar.  

Después de pasar unos días en Tambacounda, cojo el sept place dirección a Kedougou. Me esperan en el garaje, comemos en casa de un amigo y partimos a Bandafassi; Allí me espera Harouna, y no tardan en venir los niños a darme la bienvenida. El sitio es increíble, pero es la gente que no deja de sorprenderme en este país, como se desviven por la gente. El ritmo va muy poco a poco, pero rápidamente me voy acostumbrando y la energía de los niños me da fuerza y creatividad para hacer cosas con ellos.  

Empecé a hacer un taller de pulseras de macramé, empezaron a venir los jóvenes del pueblo para aprender y rápidamente empezaron ellos solos a fabricar. Fue muy gratificante ver como disfrutaban haciendo las pulseras, y sorprendente lo rápido que aprendían.  

Acompañada de mi hermano mayor Harouna, le llamo así por su constante compañía y atención. Visitábamos los pueblos de alrededores y se preocupaba por mí en todo momento.  

La semana siguiente de mi llegada a Bandafassi, llega Carmen y Estela, unas bellísimas personas que gracias a ellas pude ponerme al día de los proyectos que se están realizando. Pasamos una semana juntas de huerta en huerta, conociendo a la gente de los pueblos, hablando con los representantes de las huertas, y observando el papel tan importante que desemplea la mujer en este país.  

Justo antes de que partieran Carmen y Estela, estuvimos repartiendo la ropa y los materiales para el colegio. Con muchísima paciencia intentábamos que los niños se calmaran, pero la calma solo duraba un par de minutos. Nunca antes había visto a tantos niños y madres juntos gritando por una prenda o un lápiz. Aquí realmente aprendes a valorar lo que tenemos, lo que desperdiciamos y el continuo consumismo que nos ciega a ver estas cosas. En menos de una hora se había acabado todo, y las madres los días siguientes venían a preguntarte si quedaba alguna cosa para su hijo.  

Mi última semana en Bandafassi, la dedique a trabajar la concienciación de limpieza con los niños, y con la ayuda de Assanatou, hablar con los representantes de cada punto donde se iban a poner los cubos. Los niños respondían muy bien cuando hacíamos los juegos, aunque cuando me despistaba les veía tirando las cosas al suelo. Inch allá poco a poco con ayuda de la gente del pueblo vamos cambiando esa costumbre.  

Una de las cosas que tenía muchas ganas de hacer era de poder dar las clases de español a los niños. Fue un poco complicada la organización ya que los niños empezaban la escuela, y otros tenían que ayudar a sus madres. Finalmente solo puede hacerlo espontáneamente durante una semana.  

Esa misma semana nacía una niña en el pueblo. Estuvimos comiendo y bailando hasta la noche. Llego el día de despedirme, después de 3 semanas en Bandafassi, me llevo la energía, el color, la generosidad y la vitalidad de la gente. La música, el baile, la naturaleza, la fuerza de las mujeres y la creatividad que se respira en África me han permitido abrirme y expresar mis sentimientos desde el corazón, sin miedo.  

Descubrí esas cualidades que todos llevamos dentro, que una vez descubiertas nos hacen mejores personas.  

Un abrazo fuerte.  

IRENE DE LAS HERAS

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