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He aprendido el valor del tiempo, y no el del reloj; la belleza de la oscuridad; el altruismo y cooperación en estado puro.

He aprendido la inexistencia de muchas de las que consideramos necesidades; lo exquisito que puede llegar a ser el rutinario arroz con pollo; el poder que pueden llegar a tener unos palos como tejado; los lugares a los que te pueden llevar tus piernas sin necesidad de un coche; la capacidad de aprendizaje que te da la voluntad; la capacidad resolutiva como prueba de supervivencia; el poder de un sistema de alcantarillado y de limpieza; la incertidumbre que crea la falta de espejos.

La diversión que pueden experimentar unos niños sin nada más allá de sus cuerpos y sus voces; la belleza de un paisaje que no conoce la mano humana; el ayudar por ayudar y sin esperar nada a cambio; el brillo de unos ojos que se mueren por pintar; la alegría por unas ropas que para nosotros son solo una más.

La buena predisposición hacia lo extraño; el consuelo frente a un llanto; la fuerza del mar; el respeto sin barreras raciales; la fortuna de una luna sin romper, o de una puerta que abra y cierre; el impacto medioambiental de los residuos; las tormentas, las de verdad; la imaginación que nos roba nuestra sociedad; el valor que la historia le puede dar a un bloque de cemento.

El poder del regateo; el poder de las condiciones meteorológicas; el poder de los gestos; la fragilidad de un bebé prematuro; los beneficios de una socialización temprana; el privilegio de la esterilización; la capacidad de un canto; las visitas sin leyes hasta lo más recóndito; la claridad del agua. He aprendido el poder de una sonrisa, de un caramelo, o de un simple saludo; la magia de un baile; la fortuna de un grifo que chorrea sin cesar; la felicidad más sencilla que pudiera imaginar.

Quejémonos de que vivimos robotizados, y no de que no tenemos medios para llegar adonde queremos, porque la vida es mucho más sencilla, y llegar a tener tanto, a veces nos hace tener demasiado poco. Agradezcamos a los avances médicos por seguir viviendo y compartamos con los que no tienen acceso a una simple consulta médica.

DEJEMOS YA TANTO MATERIALISMO E HIPOCRESÍA, Y DEVOLVÁMOSLE A UNA SONRISA EL PODER QUE SE MERECE.

Moni Diarama  

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