20 dias de momentos

20 DÍAS LLENOS DE MOMENTOS

La llegada fue chocante. Chocante, excitante y finalmente satisfactoria…. Nunca habíamos vivido en una casa con tan poco, y lo hemos conseguido, aunque lo verdaderamente difícil es vivir con tan poco cada día de tu vida….

Aun así, éramos la casita privilegiada del barrio, puesto que teníamos luz, agua y baño propio. El resto de nuestros vecinos, vivía con velas y hacía cola en el pozo. Lo mejor de nuestro viaje ha sido el “álbum de momentos” que nos llevamos a casa, puesto que tenemos en nuestra cabeza un montón de “fotografías” desordenadas de buenos momentos grabados:

Son las 5.30 de la mañana, el gallo canta una vez mas bajo nuestra ventana sin cristal. Te levantas malhumorado, y te asomas a la puerta para ver aun en penumbra decenas de personas oscuras con ropas de colores brillantes, ojitos blancos y sonrisas rosas, que caminan en silencio de aquí para allá portando elegantemente sobre sus cabezas cubos y cubos de agua del pozo hasta sus casas. En cuanto te descubren asomado, ya sonríen al ritmo de un eterno “Kasumay” y preguntas sobre que tal tu familia y sobre si has dormido bien o
no.

Estas comiendo con desconocidos, de un gran plato comunitario, en el que predomina el arroz y con un poquito de pescado o carne en el centro, y descubres que esos desconocidos o “recienconocidos”, te “cuidan” y te envían discretamente los mejores trocitos de pescado o carne, al “sector” donde tu comes. Todos los vecinos duermen en sus casas en silencio, pero en la terraza de nuestra casita sigue el movimiento. A oscuras nos hacemos un té que tomamos sobre una esterilla mientras charlamos sobre las experiencias del día.

Acabamos de dar una charla en el Liceo con chavales de 17 y 18 años en la que el mensaje es: “vosotros sois privilegiados por poder estudiar, tenéis la responsabilidad con Senegal, de luchar por un futuro mejor del país. El esfuerzo económico y
personal empleado en viajar a Europa, invertidlo en Senegal” De pronto un chico levanta la mano y pregunta: “como puede desarrollarse un país? ¿desde que sector económico? ¿cómo puedo hacerlo?” Toda la clase aplaudimos al muchacho por su decisión y su iniciativa.

Llegamos a la guardería y los niños nos rodean gritando “¡elumé, elumé!” (blanco), todos nos abrazan las piernas y montones de pequeñas manitas nos agarran.

Viajando en piragua entre manglares camino de la isla de los niños, con la brisa en la cara, y rodeados de verdes intensos, como de dibujo coloreado por un niño.

La visita al sastre en su casa, (poco mas que una chabola con montañas de retales de telas brillantes y estampados imposibles) con nuestra amiga Viviane que nos ayudó a hacernos con equipación africana.

Estamos en la escuela de Mlomp, el profesor de español ha desaparecido, y no va a venir, nos sentimos enfadados por el plantón, por su falta de compromiso con los niños y sobrepasados por la situación, hay montones de niños de diferentes edades y niveles esperando de nosotros las clases de español prometidas. Tras el primer momento de confusión, nos organizamos entre los 4, dividimos grupos y sacamos el trabajo adelante. Llegamos a casa agotados pero satisfechos, y nos tomamos una cerveza a oscuras en un bareto del barrio, estamos de subidón, ¡lo hemos hecho bien!, aunque somos conscientes de que es una gota en el océano. Volvemos del horno de nuestro vecino panadero camino de casa con una hoja rota de periódico, que envuelve 5 panecillos aun calientes para el desayuno.
Llegamos cada día del trabajo y los niños del vecindario corren a saludarnos gritando nuestros nombres, les abrazamos, jugamos con ellos y nos enseñan con paciencia palabras nuevas en diola.

Cocinando con nuestras vecinas con ingredientes misteriosos y un fuego de leña, aprendo que nunca lo podré conseguir tan rico.

Con nuestra amiga Mariana y su familia vasco-senegalesa disfrutando de unas “manglar-brochetas” de ostras a la brasa. Podríamos seguir recordando pequeños detalles, momentos insignificantes que allí valoras tanto y que quizá aquí se nos hubieran pasado por alto…

A menudo tu felicidad depende de la capacidad para valorar esos pequeños detalles del día a día, pero la velocidad a la que vivimos en Europa no nos permite muchas veces percibirlos. El “nanka nanka” (poco a poco) de Senegal favorece el poder saborearlos. Nos tomaremos un poco de esa medicina cada día.

Share