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Ricardo Segura

Según se detectó en la última Misión Sanitaria, que el estado de salud de Ramata y Ousmane era muy grave, por lo que ambos han requerido importantes intervenciones quirúrgicas en España. La decisión de traerles, entiendo que adoptada básicamente por la Directiva presidida por José Mª Piñero y con la asesoría de Pepa Conejos, estaba muy justificada, a pesar de los riesgos inherentes a su situación. Un tercer niño no sobrevivió lo suficiente para poder también desplazarse.

Pero no son de temas médicos en los que pretendo entrar, pues supongo que en el mismo Boletín se abordarán adecuadamente. Tampoco de las experiencias a considerar para siguientes ocasiones análogas. Aquí escribo de sentimientos personales, que creo compartidos por todos los que hemos tenido ocasión de intervenir en el proceso de acogida.

La premisa básica era tratarles como hijos colectivos de YAKAAR, aunque el papel fundamental recaiga en los padres/madres de acogida: Cristina-Pepa y Montse-Camilo.

Otros socios de la Asociación hemos aportado nuestra colaboración en dicha paternidad/maternidad, que, aunque temporal y sobrevenida, nos ha generado nuevos sentimientos. El principal es de cariño hacia estas dos personas tan enfermas y en condiciones tan difíciles. Todos los que los hemos tratado los queremos: Ramata y Ousmane se hacen querer.

Del cariño se deriva, como es lógico en estas circunstancias, otro sentimiento de preocupación: ¿Qué tal se adaptan los dos a su nueva vida? ¿Cómo se sienten en los campos físico y anímico? ¿Cómo evolucionan los respectivos procesos postoperatorios? ¿Sufren dolores? Incluso más prosaicamente: ¿Qué tal han dormido y comido? Los mensajes intercambiados en los respectivos “chats” son muestras claras de dicha preocupación. La reacción del “padre” de Ousmane ante la noticia de una incidencia en la operación al chaval constituye el más notorio ejemplo de este sentimiento.

Otro ejemplo es el deseo de poder visitarles el invierno próximo en sus propias localidades. En fin, estamos experimentado unas preocupaciones lógicas y habituales en padres/madre responsables y conscientes.

Pienso que la preocupación surge de la responsabilidad asumida, pero también del especial cariño que les hemos tomado a ambos como resultado de trato personal en circunstancias tan especiales.

Pero no quiero aburriros con temas tan personales. Como conclusión, sólo señalaré que todas estas preocupaciones las daremos por muy bien empleadas ante la alegría que prevemos sentir el día en que, en Manises o Barajas, los podamos despedir a su regreso a Senegal con unas condiciones de salud totalmente diferentes de aquellas en que llegaron.

Seguramente, esta alegría estará trufada de otra preocupación: ¿Cómo se re-acostumbrarán a su vida en Senegal? Y también otro sentimiento de futura añoranza, incluso tristeza, de alejarnos de ellos.

 

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